Los griegos tenían razón

"El deporte educa al hombre"

(Primera Parte)

Por: José Chávez Chávez

Es bien sabido que para los griegos y los romanos la educación física y los deportes fueron elementos imprescindibles en la educación de la juventud; el aforismo "mens sana in córpore sano" sintetiza el equilibrio ideal de la educación grecolatina.

Mediante los ejercicios físicos y deportes como las carreras, el salto, el lanzamiento del disco o la jabalina, la lucha y juegos de pelota, además del manejo de las armas, practicados en la palestra o en el estadio, el muchacho se preparaba para integrarse plenamente y con todo derecho a la vida política de la ciudad, pues ya estaba listo para defender la patria en la guerra, si era necesario.

Por distintas razones a las de la antigüedad clásica, hoy se concede aún más importancia que antes a los deportes.

Muestra de ello es la desmedida atención, de los jóvenes y adultos, por el desarrollo y resultados de los juegos que en determinado momento están en boga (basquet, beis, y, sobre todo, fútbol), sin mencionar el fenómeno de la teleadicción deportiva generalizada que se padece con motivo de los "Mundiales" o las "Olimpiadas".

Nada importa que haya sucesos políticos o sociales infinitamente más trascendentes, ya no digamos acontecimientos culturales o científicos, pues éstos no reciben ninguna atención.

Ciclones o terremotos que casi acaban con pueblos enteros; guerras o cambios de gobierno; descubrimientos o inventos, poco o nada importan a quien sólo está pendiente de quién ganó, con cuántos goles, canastas o carreras.

Lo único que más o menos le disputa la atención popular son las noticias o escándalos de la gente de la televisión, el cine y los discos; y esto sucede porque ambos, el "deporte" que mencionamos antes y el llamado mundo de la farándula, son una misma cosa: un atractivo espectáculo intensamente difundido por los medios masivos de comunicación para divertir a la gente, y para entretenerla pegada al televisor o al radio recibiendo torrentes de mensajes publicitarios de las empresas que lo patrocinan.

Sin embargo, no es a eso a lo que nos referimos en esta ocasión. Del deporte profesional, o deporte espectáculo, se hablará solamente en cuanto pueda ayudar o estorbar a la educación.

Éstos son algunos de los puntos que al respecto conviene plantear:

¿Qué es el deporte y por qué es importante para nosotros?

¿En qué forma estamos relacionados con el deporte (activa o pasivamente, deportistas o espectadores), y...

¿Cómo puede ayudar el deporte a lograr una mejor educación?

Respecto del punto primero, para el español Luis Daniel González, licenciado en ciencias físicas (1) "deporte es juego + ejercicio físico + competición", ingredientes que están en muy variada proporción en los distintas disciplinas deportivas; unas, como la natación y el atletismo, tienen poco de juego y mucho de ejercicio físico y competición, o como el alpinismo que tiene mucho de ejercicio y poco o nada de juego, mientras que otros, el basquet y el fútbol, tienen mucho de todo", lo cual quizá explica su casi universal popularidad.

Cada uno de esos aspectos tiene su atractivo o responde a una necesidad natural del hombre: de niño aprende jugando; el ejercicio físico es indispensable para su salud; luchar, competir, buscar el triunfo, ha sido el impulso de conquistas y aventuras forjadoras de la historia, porque, como escribía el educador Tihamer Toth (2), "con el deporte se consigue el robustecimiento de la voluntad, de la perseverancia y de la valentía..."; y H. Durand (3) añade que se trata de una "actividad que atañe a la totalidad física y mental del individuo". De ahí, entonces, su importancia e interés para el educador.

Para algunos su atractivo reside en la capacidad que tiene para distraer y hacerle olvidar las dificultades, o la monotonía de lo cotidiano, o porque permite poner a prueba sus fuerzas y habilidades y saborear el placer de la victoria o los aplausos.

Para otros es un recurso indispensable para bajar de peso o para controlar el "estrés".

Y para aquellos que son "profesionales" de algún deporte, éste es su trabajo y lo ejercen como tal: bien o mal, según la paga.

Para algunos niños y jóvenes, independientemente de si les guste o no, es una asignatura más que tienen que aprobar si quieren pasar semestre o año.

Pero hay una razón más profunda para explicar el atractivo del deporte: todos los hombres tenemos deseos de lograr la felicidad; pero ese anhelo en la tierra jamás podrá saciarse. Nuestras limitaciones están muy a la vista; y bien sabemos que cualquier momento de felicidad es pasajero. Además, ese breve instante feliz que logramos, es sólo eso: una partecita, pues la felicidad nunca será completa mientras vivamos.

No obstante, permanece siempre en nosotros una gran tensión hacia lo infinito y eso origina los deseos de aventuras y heroísmo que todos los hombres sentimos en nuestras almas. No nos llena la burda materialidad o el grosero hedonismo que hemos impuesto como característica de los tiempos actuales y buscamos aquello que mitigue, al menos, el hambre de nuestro espíritu.

La literatura de todos los tiempos ha recogido esas inquietudes humanas en numerosas obras, desde Homero y Cervantes hasta Julio Verne. Los héroes de Troya, el señor de La Mancha o los viajes a la Luna o al centro de la Tierra, por sólo citar algunos, satisfacían antes, imaginariamente, ese impulso natural.

Hoy, cuando el placer de leer Literatura es tan despreciado, los personajes extraterrestres o satánicos de las "series " de la televisión y los juegos de la computadora, seducen con macabras fantasías a los niños y jóvenes, pero de ninguna manera calman, y mucho menos satisfacen su necesidad de aventuras y heroísmo. Ése es quizá, el porqué de la admiración por los ganadores de medallas y campeonatos que hacen vibrar las tribunas en las ocasiones en que logran llegar más allá de las marcas establecidas, cuando imponen un nuevo récord o logran una victoria asombrosa. Esa admiración lleva al deportista común, al no privilegiado, a que quiera imitar sus proezas, o al menos imaginarse que es un Pelé, un Ronaldo, un Jordan o un Valenzuela.

Pero sea por una u otra causa, el hecho es que el deporte llena una parte importante del quehacer del hombre contemporáneo, y no porque sea esencial para su vida o destino; los hombres del pasado no lo practicaban en el sentido que actualmente entendemos, ni le dedicaban atención en la medida que hoy ocurre y no por eso eran menos felices o sanos, y aún quizá, todo lo contrario. Lo que sucede es que el valor que le atribuimos es muy superior al de su importancia objetiva; importancia en buena parte artificial, pues ha sido creada por la publicidad.

Esta desmesurada presencia del deporte en los medios de comunicación es causa y efecto, a la vez, del enorme desarrollo de los intereses mercantiles que empujan al consumo incesante de novedades y agrandan la importancia de acontecimientos cuyo valor objetivo es pequeño.

Aunado a lo anterior, y quizá por haberse convertido en un producto de consumo sometido a las reglas del mercado, se han deteriorado seriamente las conductas deportivas: la elegancia en el saber perder y ganar han perdido terreno frente al afán del triunfo a toda costa. Tal parece que detrás de todo fuera el deporte un sustituto de una profunda necesidad vital; casi, casi, una religión para algunos.

Por tales razones, es de gran importancia tener un concepto adecuado del valor y sentido del deporte. Sin eso y sin unos valores espirituales firmes, habrá quien encuentre motivos no sólo para doparse, sino, como apostilla Luis Daniel González, "hasta para intentar fabricar, por ejemplo, hombres - mono que salten..." ¡y que ganen medallas...!

Pero, independientemente de las causas por las cuales cada quien lo practique o disfrute -o sufra- como espectador, es indiscutible su gran valor educativo personal y social.

¿Por qué?

* Porque es un magnífico cultivo de las capacidades físicas del hombre, para conseguir salud y fortaleza.

* Porque cuando es bien hecho mejora no sólo el cuerpo, sino a la persona completa.

* Porque cuando se realiza con criterios morales sanos, llena también una necesidad espiritual.

Todos sabemos que en el deporte, el espíritu tiene tanto valor como el cuerpo -¡cuántas veces hemos visto cómo el valor, la decisión o el coraje, pasan por encima de las limitaciones físicas, pues la voluntad puede mucho más de lo que sospechamos!. No en vano el hombre es cuerpo y alma.

Por eso se dice que los deportes son un medio propicio para la maduración de la personalidad, ya que facilitan adquirir dominio físico y psicológico sobre uno mismo y desarrollar cualidades básicas para la vida, como la lealtad (hacia el equipo o el grupo); la perseverancia en el esfuerzo (al entrenar o competir); la resistencia (al cansancio, al trabajo); el espíritu de sacrificio (al domar, doblegar el cuerpo); la capacidad de renuncia (aún muchas veces hasta a los placeres lícitos); el reconocimiento inevitable de las propias limitaciones (no todo lo puedo); la valoración de las virtudes de los demás (su entrega, su inteligencia, su fuerza...).

En conclusión, los deportes pueden ser una buena preparación para la vida adulta de los niños y jóvenes al ayudarlos a conocerse y a corregir muchos de los defectos de su carácter y a madurar y ser responsables.

* Otra ventaja educativa consiste en que también inducen a conocer y amar la naturaleza; a valorar y gustar de la alimentación saludable y si se practican bajo una sana dirección, a comprender lo perjudicial de los vicios y a alejarse de ellos.

* Pero no sólo eso, pues además proporcionan condiciones inmejorables para robustecer el compañerismo y las amistades.

Esos hábitos adquiridos en la práctica deportiva serán un sello o una nueva y mejor forma de ser de la persona. Pero tales logros del carácter sólo podrán adquirirse cuando alrededor de los jóvenes se viva y se hable del deporte del modo que se merece; dándole solamente la importancia que tiene, sin exagerar alabanzas ni vituperios; criticando de modo razonable los comportamientos antideportivos y dando a cada triunfo y a cada marca su verdadero valor y apreciando el mérito y el esfuerzo donde lo hubiera, pero sin hacer ídolos o mitos de nadie.

 

NOTAS:

(1) Luis Daniel González. "Deporte y educación".

(2) José Chávez Ch., "Apologética de la educación cristiana en Tihamer Toth".

(3) Georges Durand. "El adolescente y los deportes".

El autor es asesor de la DAPA y catedrático de la Preparatoria Centro de la Universidad Autónoma de Guadalajara.

 

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