Por: José Chávez Chávez
Por su importancia educativa, el deporte forma parte de todo plan de estudios en las escuelas media y elemental y, por lo general, es el deporte en equipo el que más frecuentemente se practica, tanto por razones administrativas como por sus ventajas educacionales, entre las cuales se considera que ayuda a adquirir visión de conjunto y sentido de la disciplina colectiva, así como el desarrollo de la inteligencia táctica y estratégica, además de beneficiar a la salud y al carácter.
Cuanto los deportes de equipo se practican o se ven inteligentemente, desarrollan cualidades personales que facilitan la participación en proyectos colectivos, el más importante de los cuales es la misma vida en sociedad, ya que es una escuela de solidaridad, de comprensión, de trabajo en común para buscar soluciones conjuntamente y conseguir metas valiosas para varios. Pero para afianzar los hábitos y conductas individuales adquiridos en el deporte grupal, hay que relacionarlos y aplicarlos en otras actividades distintas en la escuela o el hogar.
Si los educadores se valen en esta forma del deporte, comprobarán que es un magnífico medio para lo formación del carácter y para el cultivo de virtudes. Aunque, como cualquier otra actividad humana, el deporte puede ser mal enfocado y sus aspectos positivos degenerar en actitudes malsanas o deformantes.
El amor propio y el coraje, que le son imprescindibles, pueden convertirse en actitudes vanidosas hasta el ridículo o conducir a una enfermiza obsesión de triunfo que pasa por encima de cualquier consideración ética. Igualmente, el espíritu de equipo mal entendido muchas veces conduce a una competitividad exacerbada o al exclusivismo y rechazo de los otros, llevando incluso a la violencia o a la barbarie criminal. Por eso hay que cuidar que los aspectos positivos que tiene no sean sobrevalorados.
El deporte no es una armadura invencible o un sustituto de los valores trascendentes; no por el hecho de hacer deporte, de estar con amigos haciendo deporte, un muchacho o muchacha está menos en peligro o es más sano y honesto. No hay que olvidar que, por desgracia, pervertidores de la juventud los hay en todos los ambientes, como lo muestran las noticias frecuentes de deportistas famosos enredados en la drogadicción o la delincuencia. En realidad el peligro que corren los jóvenes, es el mismo si se encuentran en un café o en un paseo o en la cancha deportiva; todo dependerá de las personas que tengan alrededor y, sobre todo, de la formación moral que hayan recibido en su casa, para hacer frente a las dificultades. Lo cual no resta validez a lo dicho de que el deporte es una de las mejores opciones para ocupar bien el tiempo libre de los jóvenes, ya que es una sana y atractiva distracción; mucho mejor que pasar el fin de semana metidos en el ruido y las luces de la discoteca o viendo todos los programas deportivos y recreativos de la televisión.
Pero volviendo a uno de los planteamientos en el artículo anterior acerca de si somos protagonistas o espectadores en el deporte y del papel que éste juega en la educación, puede asegurarse que la mayoría estamos en el último caso: En mayor o menor medida: todos somos espectadores, pero muchos, además, lo practican y disfrutan.
Solamente unos pocos consideran como un entretenimiento inútil que distrae de los estudios y de las cosas realmente importantes de la vida. Esta actitud, en términos generales, quizá no sea la más adecuada para ayudar a la formación de los hijos, pues ignora o desprecia que el deporte es un hecho social muy estimado y que, por lo tanto, influye en gran manera en su vida. Esos padres, independientemente de su gusto o disgusto deportivo, convendría que mantuvieran una actitud abierta, de valoración justa del deporte. Eso les facilitaría la comunicación y la comprensión doméstica, familiar, pero, además, apoyándose precisamente en los mil incidentes de los sucesos deportivos, podrán orientar a sus hijos sobre la manera correcta y equilibrada de ver y disfrutar los deportes con provecho. Esas son ocasiones ideales para explicar cuestiones de ética y urbanidad esenciales para la vida. Toda confrontación deportiva, individual o de equipo, es una pequeña imitación de la vida: se compite, se lucha, se gozan para alcanzar las metas, los objetivos propuestos.
Pero si los padres cierran de entrada la comunicación, rechazando sin escuchar los gustos de sus muchachos, ninguna orientación será posible.
En el caso de los padres que sí gustan del deporte, que asisten a los juegos o los ven a través de la televisión y la prensa, o hasta la practican, la responsabilidad es más placentera pero mayor, pues aquí el buen ejemplo cobra singular importancia, sobre todo en la manera de presenciarlo, ya sea en las gradas del estadio o en el sillón de la casa, en vivo o transmitido, existe una propia "deportividad" del espectador que obliga a intentar siempre la objetividad, a ser mesurados al celebrar o resignarse con los resultados del juego; a no alegrarse nunca de las desgracias del rival, ni mucho menos aplaudirlas.
Es difícil que un padre inculque a sus hijos sentimientos de imparcialidad si ellos comprueban que su padre no es nada imparcial cuando están viendo un partido juntos y su padre elogia "y echa porras" a deportistas tramposos o agresivos.
Es muy difícil también que un muchacho no se distancie de su padre cuando lo ve alegrarse desmesuradamente por la victoria de su equipo profesional favorito pero no se interesa por sus juegos o por los resultados de su propio equipo del colegio, del club o del ba-rrio; o que hace interminables filas y paga exagerada "reventa" para ver un juego, pero jamás asiste a verlo competir en el colegio o se enfurece por el precio de los tenis o el uniforme para el equipo colegial.
Si los padres gustan del deporte tienen grandes oportunidades de comunicación y amistad con los hijos, las cuales les servirán para enseñarle a enjuiciar críticamente las cosas, pero con fundamento. A enseñarle sin lecciones magistrales a valorar el mérito del entrenamiento diario, repetitivo, monótono; la necesidad de privaciones para mantenerse en forma y la gran satisfacción que se logra triunfando gracias a esos sacrificios.
También podrá enseñarle que las cualidades o habilidades naturales heredadas -altura, o fortaleza para tal o cual deporte- son recibidas, y que no tiene ningún sentido atribuirse el mérito de tenerlas, pero que sí tiene la responsabilidad de aprovecharlas y, si es posible, mejorarlas; también podrá inculcársele el sentido de equipo, imprescindible para conseguir buenos resultados; le ayudará a valorar las supuestas cualidades de las "estrellas" del deporte y se le harán notar las incoherencias o errores de comportamiento o sus opiniones sobre asuntos ajenos a su campo propio. Es muy frecuente leer o escuchar declaraciones absurdas de deportistas famosos sobre temas ajenos totalmente a su actividad. Temas sobre los cuales no tiene ninguna preparación o autoridad pero sí en cambio una gran difusión debido a su popularidad. Si los padres abandonan a los hijos ante los ejemplos o "lecciones" de sus ídolos o héroes del deporte o el arte, no deben extrañarse que ellos imiten también sus errores, excentricidades y vicios.
Los jóvenes tienen necesidad de líderes que guíen con su palabra y su ejemplo y no de ídolos que confundan o perviertan. Y el líder natural de los hijos es su propio padre. No puede renunciar a ese liderazgo porque sería tanto como renunciar a la paternidad. El líder, como el antiguo patriarca, guía y congrega a la familia y en esta misión, el deporte puede ser un medio eficaz para robustecer en la vida familiar las relaciones de afecto y amistad, la comunicación y consejo. El platicar en la sobremesa, junto con todas las demás cosas que importan a la familia, las noticias deportivas que interesan a los hijos o al padre, o, mucho mejor aún, el hacer deportes juntos, ganando y perdiendo sin alterarse; el jugar con alegría y respeto con los hijos, amigos y los hijos de los amigos, crea una envidiable atmósfera de afectos, propicia para que los padres conozcan mejor el desarrollo de sus hijos y puedan orientarlos en sus dudas y proyectos.
Y para eso no es necesario un gran estadio muy bien equipado ni una instalación olímpica o club sofisticado. El campo de juego familiar podrá improvisarse en cualquier parte y el juego podrá ser cualquiera siempre y cuando participe toda la familia, aunque unos lo hagan animando y apoyando únicamente.
Los padres que facilitan el deporte de sus hijos les ayudan a llevar una vida más sana, a fomentar la amistad, a trabajar en equipo, a emplear sanamente el tiempo libre, a descansar y cuidar su salud. Y, además, les enseñan con su ejemplo, cómo aglutinar a la familia y convivir y gozar alegremente con los hijos. Enseñanza valiosísima para su futura vida adulta. Para ellos será imborrable el recuerdo de esos momentos felices, jugando en el campo o el parque.
Pero si el deporte en familia es importante para unirla y guiarla, no es lo único ni lo primero: es muy importante jugar juntos, disfrutar de la naturaleza; pero más lo es, por ejemplo, rezar y estar en comunicación con Dios...
Respecto del deporte que los niños y jóvenes practican en los equipos de sus escuelas, nunca debe olvidarse que no es una simple diversión sino un elemento muy valioso para su formación y que, por lo tanto, debe atenderse con la misma seriedad y profesionalismo de las otras asignaturas escolares.
Pero para que su finalidad educativa se logre es indispensable el apoyo de la familia en esta actividad y que contribuyan a que sea verdaderamente útil y formativa, pues ninguna formación que dé el colegio, en ésta o cualquier otra materia, tendrá resultados realmente educativos si no es respaldada por los padres de los alumnos. Ningún cultivo dará frutos si la semilla que se siembra en las aulas no es regada o cuidada en el hogar (hay semillas que en el aula se siembran y al llegar a la casa las arrancan). Por tal razón es bueno que los padres se interesen y conozcan los deportes y actividades físicas que sus hijos realizan en la escuela. Así como los objetivos y las personas encargadas de las mismas. Que permitan que sus hijos cumplan con los requisitos y compromisos deportivos de sus equipos, no sólo por educación y respeto a los demás compañeros de equipo y entrenadores, sino, sobre todo, porque enseñar al niño a ser cumplido con sus pequeños compromisos lo hará ser cumplido mañana en los compromisos mayores.
Otra forma de ayudar a la educación de sus pequeños deportistas, consiste en apoyarlos, asistiendo a sus juegos, pero manteniéndose siempre a la distancia justa, sin pretender usurpar las funciones de su entrenador o el maestro intentando sobreproteger al hijo, pues eso ocasiona generalmente que se sienta avergonzado o sea burla de sus compañeros, por eso, los padres han de ser extremadamente prudentes cuando vayan a ver a sus hijos hacer deportes. Procurando animar a todos y no sólo al propio hijo. No adulándolo -y menos en público- pero sí reconociendo lo que haga bien. Estimular más el esfuerzo que los triunfos. No hacer consideraciones humillantes ("yo a tu edad..."). No regañarlo en público; no morirse de celos ni hacer rabietas porque el entrenador grita al hijo o lo hace jugar menos que a los otros y mucho menos hacer pleitos con los padres de otros niños cuando pierde o gana el equipo del hijo; no hay que olvidar nunca que el deporte solamente puede ayudar a la formación de los hijos si se sabe practicar y presenciar inteligente y prudentemente, pues no ha de olvidarse que también tiene aspectos de peligro que deben tenerse siempre en cuenta, por ejemplo, y sólo para citar algunos: recordar que los ambientes deportivos, en cualquier nivel, pueden ser un terreno abonado para cultivar actitudes nada positivas, como la vanidad o el impudor o el exhibicionismo, y, además, en otro aspecto, que el ambiente del deporte es con frecuencia un mundo de promiscuidad y suciedad, por lo que es conveniente que se haga todo lo necesario para evitar enfermedades y contagios, inculcando hábitos de limpieza y cuidado de la ropa y equipo deportivo.
Y esto último no sólo por higiene, también por economía.
El fomentar hábitos de higiene y de economía son también otros de los valiosos aportes educativos que pueden obtenerse del deporte.
BIBLIOGRAFÍA
* Luis Daniel González, "Deporte y educación".
* G. Durand. "El adolescente y los deportes".
* "Manual de educación física femenina".
El autor es asesor de la DAPA y catedrático de la Preparatoria Centro de la Universidad Autónoma de Guadalajara.![]()
Comentarios y Sugerencias:
Lic. Flavio Mota Enciso, Director DAPA
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