Las técnicas de enseñanza

con trabajo en grupo

Por: Jorge Fernando Sánchez Cu

Hemos de iniciar haciendo una distinción entre "ciencia", "tecnología" y "técnica", pues parece haber una confusión, por ejemplo en Herbert A. Theles: "El objetivo de la ciencia consiste en describir la naturaleza y sus leyes. El objetivo de la tecnología consiste en determinar las políticas mediante las cuales el hombre ejerza el control de la naturaleza con fines determinados. La tecnología es el conjunto de ideas que el hombre aplica para llenar sus necesidades y satisfacer sus propósitos. A medida que la ciencia se desarrolla y la naturaleza es mejor comprendida, también se modifica la tecnología"(1).

Nótese cómo el autor, por un lado marca una diferencia de grado, y hasta sustancial, entre la ciencia y la tecnología. Pero al mismo tiempo parece hacer de la tecnología y la técnica sinónimos, puesto que para él la tecnología, en ciencias humanas, está ligada al trato interpersonal; su tecnología es, en concreto, el desarrollo de habilidades sociales.

Por nuestra parte, consideramos como cosas distintas la tecnología y la técnica, pues la tecnología está ligada al uso y producción de instrumental capaz de aprovechar las fuerzas naturales con gran separación de la acción humana, incluso en ausencia, al menos temporal, de la acción humana directa.

La técnica, por su parte, está mucho más cerca del hombre, es un conjunto de normas para realizar alguna acción potenciando las capacidades humanas. Así las cosas, diríamos que la didáctica es la parte de la educación cuyo contenido y misión es desarrollar la tecnología y técnica educativa.

Aclarado lo anterior, pasemos a algunas consideraciones que se desprenden de los sentidos del concepto "dinámica de grupo", tratados con anterioridad. Nos parece importante iniciar subrayando lo afirmado en el cuarto uso del concepto:

"...Intenta traducir los descubrimientos y teorías del conocimiento básico en principios y métodos prácticos...". Se trata de teorías del conocimiento, esto es, en esta interpretación subyace una concepción teórica del conocimiento, concepción ligada, frecuentemente, con las nociones sociologistas y positivistas heredadas de sus mismos creadores (Comte, Spencer, etc.).

Según las concepciones sociologistas, el conocimiento es el producto de la acción grupal y no de la persona concreta, motivo por el cual terminan afirmando la supremacía de la opinión del grupo y negando el valor verdad; al tiempo que absolutizan al grupo desprecian el valor de la persona.

Este elemento destructor de todo buen realismo y exaltador del opinionismo democratista se puede observar con meridiana claridad en diversos autores, entre ellos Cirigliano y Villaverde, cuando en su libro "Dinámica grupal" dicen, exaltando la concepción moderna de la educación, que "... la inteligencia presenta alternativas para controlar la situación problemática. Esas alternativas son ideas... que intentan restablecer el equilibrio alterado en la relación sujeto-medio"(2).

Como puede notarse, Cirigiliano y Villaverde pretenden reducir toda la actividad intelectual a una cuestión de "equilibrio" entre el sujeto, esto es, el alumno, y el medio que le rodea, en una palabra: activismo y ambientalismo biologista.

Los mismos autores lo enuncian de esta manera en una característica propia de la educación desde el punto de vista moderno, diciendo que "dentro de la concepción moderna, el fin es interno, inmanente a la actividad escolar"(3).

Se trata del activismo absoluto, todo se agota en, por y para la actividad; de esto se sigue la destrucción casi total del acto intelectivo de contemplación y conocimiento, para quedarse en el puro hacer. Una vez reducido todo al hacer se cae en el despotismo del hacer sobre el obrar y el pensar.

Es claro: se trata de lo exterior, olvidando la acción que debe ejercerse sobre sí mismo (obrar), base de la formación de hábitos buenos (virtudes), incluyendo el hábito de la contemplación de a verdad, así como el clásico principio educativo de la paideia griega: "conócete a ti mismo".

Esta teoría se resuelve en la base "democrática" que todo lo resuelve con el voto de la mayoría, lo cual abre el camino al subjetivismo como sucede con las recomendaciones de algunos autores más "avanzados", tomamos aquí la obra de Costa y Lowery; "La teoría constructivista de Piaget, asevera que todo conocimiento surge, o se construye con base a interacciones entre los estudiantes y su entorno"(4).

Más adelante, los mismos autores afirman: "...cuando los objetivos son pensamientos de alto nivel, como la creatividad y la solución de problemas, los estudiantes deben estar en un clima de clase donde ellos participan en la toma de decisiones, deciden sobre las estrategias a seguir para la solución de problemas, determinan qué tan correcta o incorrecta es la respuesta, fundamentada en datos producidos y validados por ellos mismos, donde están involucrados en determinar sus propias metas y los medios para evaluar el logro de las metas"(5).

Para que no quepa duda de la idea de autosuficiencia del alumno, dicen en otra parte: "Condon (1968) señala que el etiquetar es una característica esencial del lenguaje, diciendo que cuando el maestro o el alumno etiquetan algo, crean una realidad que no existía para ellos antes de hacerlo..." y continúan Costa y Lowery: "es preciso que busquemos oportunidades para integrar lenguaje y pensamiento y redefinir la terminología más reciente. Tales oportunidades ofrecen la oportunidad de inventar un lenguaje nuevo para situaciones específicas en el aula" (6).

Se trata de la creación de una realidad, antes inexistente, por el solo deseo del grupo. Como usted puede notar, en esta cita se observa con claridad el total subjetivismo e idealismo, grave mal padecido por una parte importante de la juventud actual, de algunos docentes, e incluso en la "visión" de algunas instituciones educativas.

Aquí no se trata de un error casual, sino de una consecuencia perfectamente lógica, tanto del confusionismo de ideas en este campo, como en las teorías del conocimiento subyacentes. Estas teorías nos las expone José María de Alejandro, en su obra "Gnoseología", donde resume las teorías biognoseológicas de la siguiente manera:

"El conocimiento es un hecho, es decir, es una manifestación de la vida, de la existencia; es ante todo una forma de acción humana y un modo de ser; consiste en una relación ontológica que nos une con el cosmos y con los demás hombres (7). De esta manera queda clara la fuente de ese activismo inmanente de que hablan Cirigliano y Villaverde.

Sin embargo, no es ésta la única fuente teórica de esta visión; interviene, y de manera más fuerte, la moderna Sociología del Conocimiento, de la cual dice De Alejandro: "el homo socius es el único criterio de la nueva cosmovisión".

Con esta premisa nace la nueva gnoseología, como consecuencia del materialismo gnoseológico, cuyos principios básicos son: el conocimiento es un "instrumento" funcional y vital, que está condicionado por los instintos elementales y regulado por las influencias ambientales; la verdad se hace, y se hace desde fuera...

Sintetizando en lo posible las conclusiones ha que se ha llegado, podemos formular los enunciados siguientes:

1) El individuo no piensa por sí, sino que participa del pensamiento de otros hombres(8).

Con esto podrá observarse la importancia de la congruencia entre "filosofía", "educación" y "didáctica" o metodología. Es clara la dependencia, pues si bien es posible partir de una filosofía y llegar al método adecuado a ella, también es posible desembocar en una filosofía partiendo del método. Cirigliano y Villaverde lo dicen expresamente:

"Por hallarse mezclados los dos sistemas, tradicional y moderno, resulta difícil -e incluso puede resultar contraproducente- el empleo de las técnicas grupales. Y esto lo afirmamos con rigurosidad, pues los objetivos son diferentes. Así su empleo se torna muy riesgoso" (9). Nosotros diríamos que los objetivos no sólo son distintos, sino contrarios.

Hagamos de una vez una precisión, la verdadera educación clásica de Occidente no se ve afectada por la crítica de Cirigiliano y Villaverde y otro por el mismo tenor. Primero, porque la educación clásica de Occidente no es la reflejada por estos modernos miopes. La educación clásica occidental, la educación que dio origen a esta cultura está fundada en el trivium y el quadrivium, en la disputatio y la escolástica, pasa por los grandes educadores católicos como Tihamer Toth, San Juan Bosco y un largo etcétera que llega hasta nuestros días.

En segundo lugar, eso que estos autores llaman "educación clásica" está referido a la educación enciclopedista, positivista y memorística impuesta desde el siglo XVIII y que llega a nuestros días contaminada aún más, con el igualitarismo y materialismo marxista, así como con tantas otras barbaridades de otros tantos pseudo.pensadores como Herbert Marcuse y Paulo Freire.

En el mismo sentido dicen Cirigliano y Villaverde: "...incluiremos bajo la expresión "educación moderna" toda la renovación, a través de diferentes escuelas, tendencias y orientaciones, que cobra cuerpo y vigencia a partir de este siglo y fines del anterior"(10).

Se trata del sistema que tanto daño ha hecho en la educación y hoy pretenden defenderlo bajo una nueva denominación arbitraria, al tiempo que se busca hacer caer el peso de los errores en la educación clásica. Al enfrentarse a la realidad los ideólogos trasnochados como Cirigliano y Villaverde tratan de culpar a la educación fundadora de Occidente; o por lo menos provocar tal confusión que haga imposible distinguir lo que realmente es clásico.

Al no poder rebatir los grandes aportes de esa "vieja " y "oscura" edad media, como ellos le llaman, elaboran una mezcla oscura para confundir a los incautos lectores que caen en las redes de la oscura "sociedad de elogios mutuos".

Acudimos a Anibal D’Angelo Rodríguez quien critica esta postura citando al mismo Alfred North Withehead en los siguientes términos: "Ya en 1948, nada menos que Alfred North Whitehead afirmaba que "el desarrollo de la ciencia moderna sería inconcebible en ausencia de los hábitos mentales inculcados por la teología medieval". Y es claro que a Witehead no se le puede acusar de profesar la visión cristiana.

Pero también hemos de alertar sobre el más triste y trágico fracaso de algunos envueltos en esta tela de araña; como ejemplo citamos el documento "Los Métodos participativos" usado por el ITESM donde leemos: " Estos métodos (expositivos) han sido aplicados tradicionalmente en las escuelas y universidades del mundo entero durante siglos (11). Note usted la falta de precisión que deja en el limbo cuántos y cuáles siglos son los enjuiciados por los autores.

Más adelante continúa: " Por supuesto, que con este método (expositivo), el profesor siempre tenía la razón y lo que él decía debía considerarse como la verdad, sin posibilidad de refutación. Magister dixit (el maestro lo ha dicho) era la tónica".

Este juicio se une a la afirmación, no demostrada, del memorismo; pero no resiste el más ligero análisis, si pretende referirse a la verdadera educación clásica. Olvida que en la educación clásica las cátedras eran obtenidas por concurso de los aspirantes, olvida también que en más de una ocasión un estudiante le quitó la cátedra al maestro. Por lo tanto, volvemos a insistir, falta objetividad y seriedad en las afirmaciones.

Volviendo a nuestro punto, dice el documento del ITESM: "... bajo el sistema de métodos participativos el profesor es ahora un FACILITADOR y el alumno un PARTICIPANTE. Ambos están al mismo nivel, sin las barreras y distancias citadas en los párrafos del punto precedente. Nótese que la mayor aportación al conocimiento proviene de la interacción del participante con sus compañeros..." y un poco más abajo continúa: "... La discusión es abierta y se espera que todos los participantes aporten sus ideas, lo que es un excelente ejercicio para afianzar las habilidades de comunicarse tanto verbalmente como por escrito".

Quizá pueda ser un excelente ejercicio para afianzar habilidades de comunicación. Pero dudamos de la existencia de un criterio objetivo para la discusión y para que el aporte de "sus ideas" sea algo realmente objetivo, racional y verdadero, pues nunca aclara cómo se evaluarán esas ideas libremente expresadas.

Por otra parte, la cuestión estaría en saber si el objeto de estas técnicas es desarrollar la habilidad verborraica. Para ser honestos, esto se parece más a una sesión psicologista o psicoanalítica que una técnica, mucho menos un método educativo.

Es claro que en estas ideas no existe una autoridad o una estructura educativa, puesto que los mismos autores dicen que profesor y alumno estarán al mismo nivel, y no parece referirse al lugar físico o geográfico, por lo que sólo puede tratarse de una posición jerárquica y directiva. Pero resulta, para la tragedia de estos pseudo-innovadores, que la educación siempre ha sido catalogada como una acción intencional y sistemática.

Si esto es así, es evidente que hay alguien responsable de dirigir la enseñanza y si la dirige, es evidente que no puede estar al mismo nivel jerárquico, pues debe conocer los fines que se persiguen, el camino a seguir, debe tener más experiencia y muchas otras características exigidas por ellos mismo al "facilitador": esto implica, por necesidad, el poseer cierta jerarquía.

De esta manera aparece claro el doble engaño de estos supuestos educadores: pretenden hacer creer que todo es igualitarismo absoluto y perfecto y al mismo tiempo quieren hacer creer que esto es ser sistemático y directivo, pues es un método.

Por otro lado, según ellos, el conocimiento proviene de los alumnos en su interacción con los compañeros, pero si afirman presentar un método (camino), es porque ya han fijado el fin de ese camino. Además el conocimiento no viene de la interacción de los alumnos, así sin más, sino, en todo caso, del respeto a la realidad.

En último análisis, nos parece por demás evidente que los métodos y técnicas educativas son, esencialmente, actos humanos; ahora bien, todo acto humano está sujeto a la ley moral; y si está sujeto a esa ley, entonces, como nos dice Santo Tomás de Aquino: "No es lícito llegar a un fin bueno por vías disimuladas y falsas, sino verdaderas" (13).

Si la educación es un acto libre, que sí lo es, la acción educativa solamente puede ser moralmente buena o mala. De donde se sigue no ser lícito aplicar cualquier técnica para dar una buena educación.

Para mirar con claridad el sustento de nuestra tesis, relacione esto con el hecho innegable de la relación esencialmente humana de las técnicas educativas, y al hecho innegable del elemento humano necesario a todo arte, así como a la dependencia entre la técnica, la ciencia y la filosofía; y notará la implicación de llegar necesariamente al destino para el cual está formulada la técnica. Esto podrá observarse claramente en el siguiente apartado de nuestra exposición.

El autor es licenciado en psicología y pasante de la maestría en filosofía por la UAG. Actualmente es catedrático del Departamento de Filosofía y Ciencia de la misma institución.

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