No cabe duda que el docente es importante en el éxito de cualquier modelo o sistema educativo. Repetidamente se ha dicho que cualquier proceso de mejora en el área de la educación, para que realmente sea efectivo, debe, finalmente, llevarse a cabo -o al menos manifestarse- en el aula. Y lo que sucede en el aula está directamente relacionado con lo que hace el profesor. De allí que sean necesarios programas tendientes a mejorar su desempeño, bajo la premisa de que entre mejor capacitado esté el profesor, más eficiente será su labor educativa.
Actualmente estos programas presentan diversas modalidades relacionadas con sus fines. Por formación docente se entienden las tareas relacionadas con "hacer docentes" como actividad profesional. Es decir, se refiere a los procesos en que la formación profesional universitaria o de tercer nivel, es en el área de la docencia. En el lenguaje que manejan los organismos de educación oficiales en México, este concepto lo aplican casi exclusivamente a los programas del subsistema de Educación Normal.
La capacitación docente se refiere al tipo de programas que tienen como finalidad desarrollar principalmente las habilidades necesarias para desempeñar eficientemente la docencia, dentro de un sistema o modelo educativo concreto.
La actualización tiene que ver más con "poner al día" los conocimientos, habilidades y actitudes adquiridas previamente. Este tipo de programas combina con cualquier otro.
Cuando se habla de programas de profesio-nalización docente, comúnmente se refiere a aquellos que tienen como finalidad convertir al docente (independientemente de su formación) en un verdadero profesional de la docencia, no sólo en términos de aprendizaje, sino también de estatus. Este tipo de programas tienen como características el que son sistemáticos, de mediana o larga duración y generalmente están vinculados con los estudios de posgrado.
Una vez establecidas algunas diferencias respecto a los programas para formar o mejorar el desempeño de los docentes, puede abordarse con más facilidad lo relativo a mitos y realidades sobre la capacitación:
* Se ha considerado a la capacitación como una de las mejores áreas de inversión educativa, y esto es cierto. La capacitación acerca más al docente hacia lo que se considera la mejor forma de educar, dentro de un sistema o modelo educativo. Anteriormente se comentó el papel fundamental del maestro en la educación. Esta afirmación es sostenida desde distintas posiciones políticas y académicas: El Programa de Desarrollo Educativo, presentado por el Poder Ejecutivo Federal lo establece como una de las estrategias prioritarias para el desarrollo de México1. La Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, en el informe dirigido a la UNESCO, también establece esta prioridad: "para mejorar la calidad de la educación hay que empezar por mejorar la contratación, la formación, la situación social y las condiciones de trabajo del personal docente, porque éste no podrá responder a lo que de él se espera si no posee los conocimientos y la competencia, las cualidades personales, las posibilidades profesionales y la motivación que se requiere"2. Luis Llorens Baez, Subsecretario de Educación Superior e Investigación Científica de la SEP, México, en la conferencia inaugural sobre Excelencia Educativa organizada por la Universidad Autónoma de Guadalajara3, establece como primer objetivo elevar la calidad de los principales componentes del proceso educativo, especialmente del maestro. En el nuevo marco de la tarea docente, Ricardo Díez Hochleitner4, afirma que "No existe probablemente ninguna otra inversión más rentable que los recursos dedicados a la formación del profesorado".
* La capacitación docente debe de ser continua. Esto no es del todo cierto. La capacitación se refiere al desarrollo de habilidades específicas para desarrollar una tarea también específica, y con el paso del tiempo, no necesariamente se requiere nuevamente de la capacitación, sino más bien de la actualización (que tiene como fin la revisión de nuevas aportaciones), o bien otro tipo de programas de superación académica, relacionados más bien con la profesionalización docente que con la capacitación. La educación del docente sí debe ser continua, pero no necesariamente su capacitación.
* Existen directivos que piensan que todos los problemas o buena parte de ellos se pueden solucionar con la capacitación, lo cual tampoco es del todo cierto. El funcionamiento y la eficiencia de una institución educativa es producto de diversos factores: políticas académico-administrativas, curriculum, recursos, alumnos y también de los maestros y su preparación. Para analizar (y solucionar) la problemática de la institución se tiene que utilizar un enfoque sistémico, integrador, en el que los diferentes subsistemas están interrelacionados y la calidad es el resultado de todos en conjunto y no de uno en particular. La capacitación, si es efectiva, garantiza que el docente sabe cómo desempeñar su tarea y tiene las habilidades necesarias para ello, pero su desempeño estará relacionado con los procedimientos académicos y las exigencias de su área de trabajo. Dicho de otra forma, de poco sirve que se haya capacitado a un profesor, si en su área de trabajo no se le pide que aplique lo aprendido, bien sea por desconocimiento de sus superiores o porque la práctica educativa no corresponde con la capacitación. Aún más, podemos encontrarnos ambientes académicos que no facilitan la incorporación de mejoras en el desempeño docente, y que cuando éstas suceden, son más producto de la iniciativa y responsabilidad del maestro, que del sistema académico vigente.
* Aunque ya se tenga una formación sistemática para la docencia, se requiere de la capacitación. Esta afirmación es cierta, pero no en todos los casos. Es cierta particularmente cuando se modifican los sistemas académicos, se adoptan nuevos modelos o se instrumentan programas específicos, y la capacitación es necesaria porque nos presenta "nuevas formas de hacer las cosas". Pero el caso negativo sobre este punto, es la subvaloración de otros programas formativos y sistemáticos que suponen un dominio mucho más amplio y profundo de la tarea educativa, como es el caso de los posgrados. El tener un posgrado en cualquier área pedagógica significa tener los fundamentos teóricos para comprender el por qué, el para qué, el qué y el cómo del proceso educativo. Y esto supondría que un profesor con posgrado puede adaptarse fácilmente a nuevas situaciones y proponer soluciones concretas a los problemas educativos. Sin embargo, es común que estos profesores, impulsados a veces por sus mismos directivos, estén recurriendo frecuentemente a los programas de capacitación, cuando se supone que estarían más para darla, que para recibirla. Esto puede ser visto también como un problema de actitud, que se manifiesta con una falta de confianza en sí mismo o en la formación recibida. No es raro encontrar a un Doctor en Educación solicitando capacitación para mejorar su práctica docente.
En la medida en que la capacitación sea más eficiente y se comprenda mejor su función, dentro del proceso educativo, entendido como un sistema, estaremos en condición de reconocerle su valor real y su importancia, desvinculada de los mitos que no solamente distorsionan su esencia, sino que también obstaculizan su tarea.
NOTAS
1) Poder Ejecutivo Federal. (1996). Plan de Desarrollo Educativo 1995-2000. México: SEP. 153-154.
2) Delors, J. y otros. (1996). La educación encierra un tesoro. Madrid: Santillana-Ediciones UNESCO.
3) Llorens, Luis. (1995). Notas para la inauguración de la conferencia sobre excelencia educativa organizada por la Universidad Autónoma de Guadalajara, en: Memorias sobre Excelencia Educativa. Universidad Autónoma de Guadalajara. Abril de 1995. 7-10.
4) Díez Hochleitner, R. (1998). Aprender para el futuro: nuevo marco de la tarea docente. Madrid: Fundación Santillana. 36.
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Comentarios y Sugerencias:
Lic. Flavio Mota Enciso, Director DAPA
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