La mujer ante el nuevo milenio
Por: Dra. Guadalupe Figueiras de Montiel

 

La mujer, quien fue creada por Dios, para ser "custodia y guardiana de la vida", debe contribuir de un modo fecundo y creativo a una sociedad que atraviesa por momentos críticos con el aporte de su "genio femenino" y de su "energía creadora" a resolver los problemas que nos aquejan en la actualidad.

En este tema tan importante de la MUJER cuando nos encontramos en los umbrales de un nuevo milenio; me siento profundamente comprometida como universitaria, como católica y como mujer que soy, además madre y esposa, a dar testimonio personal de lo que sinceramente creo debe ser el papel de la mujer en el mundo actual.

Para lograr este objetivo, me propongo tratar dos aspectos:

1. Dignidad y esencia de la mujer.

2. Papel de la mujer en la sociedad y su misión en el mundo en crisis.

 

1. Dignidad y esencia de la mujer. Mons. Fulton J. Sheen, afirmó que "el nivel de toda civilización se mide por el nivel de sus mujeres". La razón de ello hay que buscarla en la diferencia entre conocer y amar. Cuando conocemos algo que está por encima de nuestro entendimiento lo hacemos descender al nivel de nuestra inteligencia. Para explicar conceptos abstractos a un niño, hay que ponerle ejemplos de sus experiencias diarias concretas. Pero cuando amamos algo, siempre debemos salir a su encuentro para satisfacer las demandas de lo que se ama. Por ejemplo, si amamos la música hemos de obedecer las leyes de la armonía. Cuando un hombre ama a una mujer, tiene que hacerse digno de ella; cuanto más inteligente, más culto y más virtuoso tendrá que ser el hombre para merecer su amor. He aquí por qué el nivel de toda civilización está determinado por el nivel de sus mujeres.

 

 

a) El valor de la mujer como persona. En orden físico hay objetos, en el orden humano hay personas. Ambos conceptos son diferentes: Persona, del latín "per-se una", por su, única e irremplazable. Las personas son fines en sí mismas, pues fueron hechas a imagen de Dios y tienen un destino eterno. Los objetos son individuales no personales y pueden ser reemplazados; por ejemplo: esta manzana no me gusta, deme otra. Las personas no pueden ser reemplazadas. Las individualidades son medios para un fin, por ejemplo, para hacer un dibujo podemos utilizar varios tipos de lápices o pinceles, las personas no pueden ser utilizadas pues son fines en sí mismas.

Una persona se realiza a sí misma y llega a una relativa perfección dentro de la sociedad, pero sólo porque tiene dentro de sí un principio independiente de la sociedad a saber: un alma inmortal. Esta es precisamente la piedra fundamental de nuestra civilización cristiana; es decir, el reconocimiento al valor de la persona porque posee un alma inmortal.

Hombre y mujer son iguales en cuanto personas y por lo tanto también en cuanto a su dignidad. Sin embargo esta igualdad fundamental no anula la diversidad en cuanto a su modo de ser. Masculinidad y femineidad son diferentes como valores particulares de la persona humana y por lo tanto complementarios; por lo cual en esencia el hombre y la mujer son iguales en dignidad, aunque diferentes en su particular modo de ser. Además la mujer fue formada de la costilla de Adán. No de su cabeza (no es superior a él); no de sus pies (tampoco inferior), sino de su costilla cerca de su corazón, y por eso junto a un gran hombre siempre hay una gran mujer.

 

 

b) Esencia de la Mujer. Esencia de nuestro ser femenino es la maternidad; no sólo física, sino también espiritual. En el ejercicio de esta vocación protectora, creadora y ensalzadora, se haya el origen de nuestro poder. La mujer no puede ver un niño necesitado o un animal herido e indefenso sin que su corazón, su mente y sus manos, vayan hacia ellos como para atestiguar que Dios la instituyó "Custodia y guardiana de la vida" (dentro y fuera de la familia).

En nuestra sociedad la mujer está llamada por naturaleza a proteger la cultura de la vida y los valores que permitan el desarrollo completo de la vida humana, con énfasis en los valores trascendentes del espíritu, por eso debemos lograr que todos a nuestro alrededor aprendan a conocer el valor, no sólo el precio de las cosas, es decir, una cultura basada en VALORES.

 

 

2. El papel de la Mujer en la sociedad y su misión en un mundo de crisis. A través de los siglos (y el próximo siglo no es la excepción) la mujer ha sido el pilar de la familia que es la base de la sociedad; aquí es donde la mujer tiene su reino. Desafortunadamente el papel de "ama de casa", por una parte se ha menospreciado, y por otra, la mujer ha tenido que salir de su casa a trabajar hombro a hombro con el hombre para poder sostener el hogar. Esto ha impuesto una carga muy pesada a la mujer, quien no siempre puede realizar ambas funciones, es decir, ser esposa, madre y educadora de sus hijos y además desarrollarse profesionalmente en su trabajo. La mujer que ejerce una profesión o un trabajo y es además esposa y madre, debe establecer claramente sus PRIORIDADES, pues no debe olvidar que debe darse TIEMPO, para ser para su esposo: compañera, amante y amiga; y para sus hijos la guía y la educadora natural; por lo que también debe darse TIEMPO para educarlos en la obediencia y en el amor, TIEMPO para conocerlos y comprenderlos y TIEMPO para despertar en ellos la responsabilidad y el amor a la verdad.

Por supuesto que no es fácil, pero no podremos mantener vivos los grandes frutos de nuestra civilización cristiana sin conservar sus raíces; y esas raíces se nutren precisamente en la familia.

Vivimos en un mundo en crisis de VALORES trascendentes; y en medio de esta crisis, la imagen de la mujer ha sido gravemente distorsionada. Hay quienes piensan que la mujer es solamente un objeto de placer para el hombre. En el otro extremo se encuentra la corriente feminista que aboga por la "liberación femenina" promoviendo el libre uso de su cuerpo, y abriendo la puerta al aborto y a la promiscuidad sexual. Existen también aquellos que consideran a la mujer no como persona sino como un engranaje más en la maquinaria del trabajo en serie, son estos los que siguiendo las ideas de Karl Marx piensan que: "los seres humanos en y por sí mismos no tienen valor alguno, sino cuando forman parte de la clase productiva de un estado".

Ante todas estas caricaturas grotescas de la mujer, nos corresponde a nosotras restaurar la verdadera imagen de la mujer en nuestra sociedad, dando testimonio viviente de lo que debe ser la mujer, llegando a ser lo que un día dijera de nosotras el poeta "Mujeres... en otro tiempo nuestras superiores, hoy nuestras iguales".

Por eso ahora más que nunca se necesita a la mujer; que por su particular esencia femenina, rehabilite el verdadero y olvidado concepto de la dignidad de la persona humana; para que se reconozca que además del cuerpo ocupa un lugar preeminente la espiritualidad, la trascendencia y el destino eterno.

Es necesario pues, que la mujer que ha recibido una mejor formación y un mayor acervo de conocimientos tome en serio la responsabilidad de restaurar estos VALORES; restaurando su propia imagen de MUJER: "Mater et magistra" Madre y maestra de la sociedad.

Por otra parte al ser mujeres profesionistas y mexicanas, tenemos responsabilidades para con nuestra Patria y nuestra sociedad; pues la educación que hemos recibido no nos da más derechos, nos da más obligaciones y es precisamente el mundo de crisis que nos ha tocado vivir, el que nos da la gran oportunidad de emprender acciones concretas que beneficien a los demás.

México, nuestra Patria, necesita hoy más que nunca mujeres que conciban la vida como un acto de servicio; que tengan la osadía de ser emprendedoras, de concretar acciones que den educación y trabajo digno a todos aquellos millones de mexicanos que no han podido alcanzar la meta de una educación universitaria.

Y sólo así, en una vida fundada en el señorío de ser mujer, en la concepción de la vida como un acto de servicio, sostenida en los más altos valores espirituales y en las más concretas verdades científicas, veremos como resultado la aparición de las mujeres que nuestra Patria necesita: "Las mexicanas de la Esperanza".

Debemos definir hoy lo que queremos para nuestra familia, para nuestra sociedad y para nuestra Patria en el siglo que viene. Si queremos una familia fuerte y unida, una sociedad basada en VALORES trascendentes, y un México mejor, más libre y más soberanamente independiente, no esperemos a que lo hagan otras, debemos hacerlo NOSOTRAS. México nos exige una respuesta y un compromiso.

En nosotras está esa respuesta.

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BIBLIOGRAFÍA

1) Mons. Fulton J. Sheen. "La vida merece Vivirse". Ed. Zarco, 1955.

2) Dra. Ma. Liliana Lukac de Stier. "Mujer feminismo y femineidad". Memoria del 1er. Foro Juventud Positiva. Ed. UAG 1991.

3) Dr. Antonio Caponnetto. "Pedagogía y Educación". Colección Ensayos Doctrinarios, 1981.

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