Vasconcelos,
maestro de América

Centro de Estudios Humanísticos 

José Vasconcelos es uno de los más preclaros genios que ha producido la América Hispana. La áurea luz de su pensamiento polifacético continúa iluminando el destino de América y todavía alienta al continente de la Raza Cósmica la excelsitud de la misión que el maestro le señalara.

Mucho tiempo después de su muerte (acaecida el 30 de junio de 1959), la juventud de las naciones americanas aún sienten estremecer su espíritu al conjuro de su vigorosa palabra de pensador mestizo, que hiciera trepidar a todo un continente.

El maestro Vasconcelos -que cediera al Espíritu la misión perenne de expresar el sentir de su raza- es uno de los más altos exponente de la cultura latinoamericana que la generación actual debe conocer en la grandiosidad de su obra. Desconocerlo sería tanto como renegar del pueblo americano que encontró en el verbo vasconceliano la más alta expresión.

El mérito de su obra es indiscutible y la huella profunda de su pensamiento de filósofo y sociólogo que dejara plasmada en el corazón de América, aún subsiste insuperable. Porque el espíritu de Vasconcelos supo calar hondo en el ser de las cosas y ha legado a la posteridad una obra, que no obstante el correr incesante del tiempo, se mantiene incólume en su actualidad.

El tributo merecido a su genio ha quedado patente en los elogios de hombres eminentes como Herman de Keyserling, quien en sus "Meditaciones sudamericanas", emite opiniones como esta: "José Vasconcelos es el ideólogo más original que hasta hoy ha habido en América Latina... y es el pensador más representativo".

Vasconcelos que como Ulises Criollo deambulaba por el mundo ostentando y predicando orgulloso el pensamiento de América, recibió también en Francia cálidos homenajes. Una de las opiniones que mejor perfilan la personalidad de Vasconcelos es la que se publicó en la Revue L’Amerique Latine, del 15 de marzo de 1931, que textualmente decía: "El señor José Vasconcelos; hombre de estado mexicano, profesor y apóstol, y uno de los maestros que han contribuido a la orientación de la joven generación de la América española; escritor cuyo nombre ha atravesado todas las fronteras -de México a Chile, pasando por la América Central- y cuya aureola de noble pensador ha brillado también en París, aún antes de su llegada... es considerado como uno de los creadores de la nueva América, uno de los que mejor pueden ayudarla a encontrar su verdad, su ideal y el camino que a todo ello conduce". Se ha escrito de Vasconcelos que encarna el ideal totalizado, armonioso y preciso; él enseña la filosofía tonificante y exaltante de nuestros pueblos; él representa una parte de la conciencia del mundo.

Don José Vasconcelos era un espíritu inquieto, que recorrió vastas regiones del saber humano, por eso su obra no se circunscribe en una visión fragmentaria. Su pensamiento fue fecundo, lo mismo en la concepción filosófica - que culminó en la creación titánica de un sistema, así como en los magistrales estudios sociológicos de América. En él se perfila también, airado, el historiador que fustiga conciencias; pero donde su figura se agiganta, alcanzando perfiles sublimes, es como educador de México, en una tarea educativa todavía no superada ni en magnitud ni en calidad.

 

 

VASCONCELOS EL FILÓSOFO

Como filósofo fue creador de un sistema integrado por una metafísica, una ética, una estética y una historia de la filosofía. Sin descender a los pormenores de cada uno de estos capítulos, diremos que el mérito de su concepción filosófica estriba en el nervio espiritualista de su pensamiento. En todo su sistema campea una idea medular: la de la degradación original de la materia. Esta convicción le llevó a despreciar toda elucubración que tuviera como punto de partida las premisas del materialismo. De esta corriente se expresaba desdeñosamente sosteniendo que era un disparate.

En la metafísica, tiene el mérito de haber restaurado esta ciencia postergada por el positivismo y las corrientes kantianas. En su ética sustenta ideas como éstas: "Toda ética supone una norma impuesta sobre lo que en la vida es suelto, desgobernado, caótico, a efecto de convertirlo en propósito o aspiración redentora... ·". "Es moral todo lo que nos lleva a trascender la existencia, e inmoral, a la inversa, todo lo que nos regresa al caos y a la animalidad..."

Es en la Estética, sin embargo, donde Vasconcelos perfila lo más original de su creación filosófica. Define la belleza afirmando que "es el esplendor del Espíritu Santo, cuando ilumina las cosas. Si penetra las almas, ya hay algo más que belleza, hay Gracia y salvación". Clasificó en cuatro los grados de la belleza: apolíneo, dionisiaco, romántico y místico, este último manifestado en la creación artística del cristianismo.

Del Vasconcelos filósofo ha dicho con gran acierto Genaro Fernández MacGregor: "Podrán rechazarse algunas de sus ideas y criticar muchos de sus actos; pero no se podrá negar que sus teorías intentan ser una vasta síntesis de todos los hechos y de todas las emociones que se entrecruzan en el Cosmos". Otros estudiosos de su obra filosófica, como el P. Don José Sánchez Villaseñor, no pudieron menos que concluir que el solo esfuerzo titánico de erigir un sistema filosófico de tal envergadura, merecería profunda admiración y sincero aplauso.

Es en su "Todología" donde se resume más acabado y maduro su pensamiento filosófico. Es en esta obra donde llega a su culmen la cosmovisión de Vasconcelos y en ella exclama con más ímpetus de místico que de filósofo: "De la teología descienden, como ríos desbordados de un piélago muy alto, las diversas filosofías".

 

 

VASCONCELOS EL SOCIÓLOGO

Dos obras claves caracterizan su concepción sociológica: "La Raza Cósmica", su obra célebre publicada en 1925 y otra no menos conocida con el título de "Bolivarismo y Monroísmo". Las dos causaron profundo impacto en el espíritu latinoamericano y alcanzaron al maestro un alto grado de popularidad entre las juventudes universitarias, por la forma elocuente y profunda como exaltaba la grandeza de Hispanoamérica.

Como sociólogo Vasconcelos determina - antes de abordar cualquier estudio particular- el criterio que debe regir a la sociología y llega a la conclusión de que no puede ser exclusivamente el método empírico que ha venido empleando la ciencia desde Galileo hasta nuestros días, "ya que la sociedad, dice, no tiene solamente el aspecto físico y biológico, sino que obran en ella factores espirituales que escapan completamente al cuadro de las ciencias físico naturales. La sociología, así está emparentada con la filosofía, que es una cosmovisión" (Genaro Fernández MacGregor).

Es en La Raza Cósmica donde Vasconcelos concibe el sueño de América como el asiento de una quinta raza, síntesis de otras que también crearon civilización que habrá de consumar un alto destino. El proceso de integración de ese mestizaje grandioso lo traza con rasgos insuperables cuando nos dice:

"La raza que hemos convenido en llamar atlántida prosperó y decayó en América. Después de un extraordinario florecimiento tras de cumplir su ciclo, terminada su misión particular, entró en silencio y fue decayendo hasta quedar reducida a los menguados imperios azteca e inca indignos totalmente de la antigua y superior cultura. Al decaer los atlantes, la civilización intensa se trasladó a otros sitios y cambió de estirpe; deslumbró en Egipto, se ensanchó en la India y en Grecia injertando en razas nuevas. El ario mezclándose con los dravidios, produjo el Indostán y a la vez, mediante otras mezclas, creó la cultura helénica. En Grecia se funda el desarrollo de la civilización blanca, que al expandirse llegó hasta las playas olvidadas del continente americano para consumar una obra de recivilización y repoblación. Tenemos entonces las cuatro etapas y los cuatro troncos: el negro, el indio, el mogol y el blanco. Este último, después de organizarse en Europa se ha convertido en invasor del mundo y se ha creído llamado a predominar lo mismo que se creyeron las razas anteriores, cada una en la época de su poderío. Es claro que el predominio del blanco será también temporal, pero su misión es diferente de la de sus predecesores; su misión es servir de puente. El blanco ha puesto al mundo en situación de que todos los tipos y todas las culturas puedan fundirse. La civilización conquistada por los blancos, organizada por nuestra época, ha puesto las bases materiales y morales para la unión de todos los hombres en una quinta raza universal, fruto de las anteriores y superación de todo pasado".

La excelsa misión de la raza cósmica que habrá de surgir en la tierra de Hispanoamérica la concibe así Vasconcelos:

"El objeto del continente nuevo y antiguo es mucho más importante. Su predestinación obedece al designio de constituir la cuna de una quinta raza en la que se fundirán todos los pueblos, para reemplazar a los cuatro que aisladamente han venido forjando la historia. En el suelo de América hallará término la dispersión, allí se concebirá la unidad por el triunfo del amor fecundo, y la superación de todas las estirpes".

"Y se engendrará de tal suerte el tipo de síntesis que ha de juntar los tesoros de la historia para dar expresión al anhelo total del mundo".

"Los pueblos llamados latinos, concluye Vasconcelos, por haber sido más fieles a su misión divina de América, son los llamados a consumarla. Y tal finalidad al oculto designio es la garantía de nuestro triunfo". (La Raza Cósmica, p. 27).

En su obra "Bolivarismo y Monroísmo", el maestro Vasconcelos resucita el ideal de Bolívar, exhortando a los pueblos de cultura española a integrarse en una federación iberoamericana que nos haga fuertes frente al ideal de otros pueblos.

 

 

VASCONCELOS EL HISTORIADOR

Del Vasconcelos historiador bástenos este retrato hablado de Luis Garrido, quien dice del maestro: "El hacía un despliegue sugestivo de sus obras sobre el desarrollo histórico, para ponernos en guardia frente a los peligros que nos acechan, avizorando el porvenir. Su pluma no hacía panegíricos de falsos héroes, ni labor monográfica o de especialización. Era, ante todo, amante de presentar, sobre los hechos investigados, su propia perspectiva de hombre que mira desde lo alto. Enfocaba lo histórico sin meditar en las consecuencias adversas que podía tener en su bienestar personal, el sustentar una tesis contraria al sentido oficial o político. Era un pensador que nos transmitía su mensaje deducido de los sucesos que examinaba, sin ligarse a juicios establecidos ni a proyecciones tradicionales. A veces, continúa diciendo Garrido, una línea suya hacía estremecer más al lector que el juicio erudito de un profesional de la historia. Su empuje en este campo, es una lección perenne de vigor e independencia de criterio" (Garrido, 1963).

 

 

VASCONCELOS EL EDUCADOR

Hoy que la confusión se enseñorea de los congresos, diálogos y seminarios sobre reforma educativa, ahora que la enseñanza de la niñez y la juventud se considera caduca y que se proponen las más disparatadas soluciones para actualizarla al ritmo dinámico de la ciencia contemporánea, es saludable, además de justiciero, clavar atento el ojo del espíritu en la obra educativa del más eximio maestro que haya nacido en suelo de América: Don José Vasconcelos, que sin demagogias ni aspavientos propio de ineptos, supo crear el sistema educativo de México que sigue cautivando a propios y extraños.

Uno de sus méritos más indiscutibles ha sido la creación de la Secretaría de Educación Pública, como una visión integral del problema educacional de México. Vasconcelos, que fundó la SEP, la organizó en tres grandes departamentos: el de Escuelas, para impartir enseñanza científica y técnica; el de Bibliotecas, para enseñar a la juventud el gusto por los libros y fomentar la lectura en todo el país; y el de Bellas Artes, para promover la cultura artística entre los educando y a nivel nacional enseñando el canto, el dibujo y la gimnasia, y promoviendo el estudio de las artes especiales en institutos específicos. Estos tres departamentos coadyuvaban a la educación nacional, auxiliados por el de Enseñanza Indígena y el Departamento de Alfabetización.

Siempre tuvo, Vasconcelos, gran preocupación por incorporar a los grupos aborígenes dispersos en el territorio nacional a la obra educadora que él realizaba grandiosa y entusiastamente. Por eso resulta risible que algunos trasnochados o ignorantes propongan como soluciones novedosas en nuestros días, en congresos sobre reforma educativa, que hay que llevar la educación a los grupos indígenas y rescatar a los analfabetas. Olvidan que Vasconcelos propuso soluciones a ese problema hace ya más de medio siglo y que lo más que se puede hacer es revitalizar los programas educativos del Maestro, y ponerlos en práctica de una vez por todas.

El historiador José Bravo Ugarte se expresa así de la magna obra educacional de Vasconcelos: "A ese programa, muy completamente realizado, corresponde como innovaciones, las escuelas y misiones rurales a favor de los indios y campesinos, la campaña por el alfabetismo y las ediciones de clásicos -Homero, Esquilo, Eurípides, Platón, Dante, Goethe, Cervantes, etc.- de más de cincuenta mil volúmenes la mayor parte de ellas", junto con dos millones de libros de lectura para primaria y cientos de miles de textos de Geografía e Historia. Así se ganó muchos colaboradores en México y muchos admiradores en Hispanoamérica, de modo que en Colombia fue declarado por los estudiantes "Maestro de la juventud".

Más perenne, sin embargo, es su filosofía educativa, que plasmó en su magistral obra pedagógica "De Robinson a Odiseo", para dejar un testimonio de "cómo procedió un filósofo para educar un pueblo".

En Robinson, Vasconcelos simbolizaba la pedagogía pragmática de los sajones y la enseñanza exclusivamente técnica que responde a exigencias del medio, en detrimento de la visión totalizadora que debe inspirar la educación del hombre. En Odiseo, en cambio, está representado el sentido integral y clásico de la enseñanza, que sin despreciar lo útil, enseña al educando a desplegar las alas del espíritu en pos del ideal, como el viajero del mito griego, "que explora y actúa, descubre y crea, no sólo con las manos, y nunca con solo las manos, porque ni quiere ni puede deshacerse del bagaje que le ensancha el alma, el ingenio y los tesoros de una cultura milenaria. Necesitamos un Odiseo que no parta, como Robinson, de Bacon, sino mucho más allá, de Aristóteles y de Yajnavalkia, el hindú legendario; de Moisés, el fundador de nuestra civilización. Al Odiseo de nuestro siglo, fácil le será sobrepasar al Odiseo homérico por la extensión de su saber. De todas maneras, es Homero quien atinó con el tipo de hombre cabal que pude ser erigido en modelo de pedagogos y a ratos también en maestro. Y hacia un nuevo Odiseo debe tender la ambición viril de la época. No a robinsones". (De Robinson a Odiseo, p. 39).

Combatió dos corrientes nefastas en la pedagogía: la que, inspirada en Rousseau, quita a la enseñanza "el carácter de regla impuesta a la conciencia del exterior", y la activista de Dewey que educa para lo útil. De la primera dijo que partía de una concepción falseada de lo que es el hombre creyendo en el mito del niño que emerge puro del plasma virginal de la especie". A la pedagogía del Emilio oponía la tesis cristiana del pecado original afirmando que "según esta profunda visión cósmica, cada hombre nace con el estigma de su caída y, por lo tanto, ha menester cada quien del correctivo y de la redención".

Cualquier reforma educativa que se pretenda hacer, para evitar caer en el caos y la esterilidad, debiera volver sus ojos a un pensamiento como el de Vasconcelos, hurgando en las páginas de "De Robinson a Odiseo", buscando directrices, como ésta, que le den sentido y visión integral de lo que es la educación: "Toda pedagogía, según se sabe, dice Vasconcelos, es la puesta en acción de alguna metafísica".

"Por carecer del fondo ideológico de una concepción cabal del mundo, la pedagogía contemporánea, suspendida del hilo de la experiencia particular, desgeneralizada, va de aquí para allá en tanteos y análisis de pequeños resultados. La única manera de levantar la enseñanza así, es identificándola con un sistema filosófico. Mal puede lograr esto -concluye Vasconcelos-, quien se apoya en Rousseau".

Es frecuente escuchar el disparate que se pronuncia por una enseñanza primordialmente práctica y sólo superficialmente teórica. A esta posición respondió Vasconcelos, creador del taller y el laboratorio en la escuela mexicana, afirmando: "El saber teórico es una necesidad más viva del alma que todas las experiencias concretas... Cuando se abusa de la experiencia en el sentido de presentarla desligada de la teoría se corre el peligro de dar un conjunto de hechos obtenidos conforme a rutinas, pero sin sentido general que las explique y englobe... En todo momento ha de recordar el educador la regla del sabio, que es acompañar siempre el hecho de la hipótesis, y viceversa, pero contando con que hay siempre mayor virtualidad en la hipótesis..."

Vasconcelos tiene también el mérito indisputado de haber desterrado el positivismo de la enseñanza universitaria, que despreciaba las disciplinas filosóficas, y de haber combatido la coeducación al exigir que "la escuela democrática debía instalarse sólidamente en la moral probada por los siglos e impuesta por la necesidad".

Otras ideas medulares del pensamiento educativo de José Vasconcelos fueron recogidas por su discípulo Luis Garrido, quien nos las transmite en un ensayo que lleva por título el nombre del maestro. Sobre la Universidad y los estudiantes son estos conceptos: "...proclamó que la Universidad tenía el papel directivo de la opinión ilustrada de la nación, y debía ser el refugio de todas las singularidades nobles... exigiendo a sus alumnos ese porte varonil y serio que se adquiere en las instituciones de enseñanza militar, y demandando la aplicación en el estudio por medio de pruebas severas, para evitar ese ejército de parásitos juveniles que alimenta nuestra burocracia. Estimó que el exceso de alumnos, sin verdadera vocación científica, como una verdadera amenaza a la sociedad, al incrementar el profesionalismo mediocre, rechazando la intervención estudiantil en las funciones administrativas de la Universidad por relajar la disciplina escolar, señalando al país que el descuido de sus altas casas de estudios constituía su propia muerte, ya que en ellas se configura el espíritu nacional, "nervio de la defensa y de la simple perduración" (Garrido, p. 138-139).

En conclusión, si la juventud universitaria quiere sentir vibrar la grandeza de América Latina en su corazón; si los habitantes de este continente de promisión quieren estar a la altura de la misión excelsa de la raza cósmica; si América mestiza ha de mantenerse fiel a la proclama de que sea el Espíritu el vocero de su pensamiento; en fin, si en esta hora crucial hemos de seguir y exaltar como paradigmas el ejemplo de hombres batalladores por los fueros del espíritu, hay que volver los ojos con gratitud a la obra grandiosa de José Vasconcelos:

ˇMaestro mexicano de América.!

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Lic. Flavio Mota Enciso, Director DAPA
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