Formación docente:
necesidad y perspectivas
Por Yéssica M. Velasco Villanueva
En
el proceso de Enseñanza - Aprendizaje, intervienen dos personajes: el maestro o
docente y el alumno o discente, ambos sujetos de aprendizaje.
Tradicionalmente
los educadores y autoridades académicas se han preocupado, en mayor medida, en
desarrollar investigaciones y establecer programas eficaces para la formación
de discentes y han llegado a desarrollar importantes teorías tendientes a
mejorar y hacer más efectivo y real su aprendizaje.
Sin
embargo, como se señaló anteriormente, el profesor también es sujeto de
aprendizaje y la inquietud por su formación debiera ser mayor, puesto que son
ellos los que representan modelos de aprendizaje para sus alumnos.
La
formación de profesores en los últimos años ha sido tema ya de preocupación,
sobre todo a niveles superiores, en donde los maes-tros no fueron preparados, en
su mayoría, para tener labor frente a un grupo, sino para dominar una
disciplina o una profesión. Es entonces que surgen desde el interior de las
Instituciones educativas, o bien desde las esferas de gobierno en materia
educativa, proyectos de capacitación que cubren ese “hueco” en la preparación de los actuales
docentes.
Dichos
programas, en su mayoría, se especializan en mejorar el desempeño de los
profesores mediante la transmisión y práctica de estrategias, métodos y técnicas
que, efectivamente, auxilian en mucho la tarea del profesor, es decir se les
habilita en el conocimiento y destreza de actividades didácticas; sin embargo
se quedan truncos en el aspecto de la Formación que pretenden alcanzar en los
docentes, puesto que les hacen falta las bases, los cimientos que soporten esas
técnicas, a saber, una filosofía, un elemento que guíe su aplicación.
Últimamente
se habla de capacitación, actualización y otros términos que más delante se
verán, como sinónimos de formación, siendo que existen diferencias o mejor
dicho, límites en los demás términos, lo que no en el de formación.
¿Qué
es formar?
La
Educación por sí misma, tiene como finalidad la formación del individuo, es
decir perfeccionar sus capacidades intelectuales, espirituales y físicas para
que, moviendo su voluntad hacia la Verdad, el Bien y la Belleza, logre alcanzar
el fin último para lo que fue creado.
Formar
es “la actividad eficiente que permite al aprendiz descubrir, conformar y
desarrollar sus aptitudes y su personalidad, que impide el divorcio entre los
componentes intelectuales, físicos, estéticos, morales y sociales de la
persona” (GARIBAY GUTIÉRREZ, Luis. 1976).
Para
entender lo que abarca el proceso de formación del individuo es conveniente
remitirnos al significado de cultura.
1.
La formación de un hombre se entiende como su perfección y mejoramiento; el
producto de esa formación es el conjunto de los modos de vivir y de pensar.
2.
Para los griegos era la búsqueda y la realización que el hombre hace de sí,
es decir de su verdadera naturaleza humana (ser constituido de cuerpo y alma
racional). Dicho concepto abarca dos características:
-
La estrecha relación con la filosofía.
-
La estrecha relación con la vida asociada.
Se
explica lo anterior de la siguiente manera: El hombre no puede realizarse como
tal sino a través del conocimiento de sí mismo y de su mundo (lo que
proporciona la filosofía) y por lo tanto, mediante la búsqueda de la verdad en
todos los dominios que le interesan. En segundo lugar, el hombre no puede
realizarse sino en la vida en comunidad (enlace que existía para los griegos
entre la formación de los individuos y la vida de la comunidad).
3.
En el Medioevo la formación del ser humano se contemplaba como el proceso de
preparación del hombre para sus deberes religiosos y para la vida ultramundana.
4.
En la época del Renacimiento la formación era un proceso que permitía al
hombre vivir del modo más perfecto en el mundo. La religión la veían como
elemento integrante de la Cultura porque enseña a vivir bien en esta vida.
De
estos conceptos señalados, podemos concluir que la formación de un individuo
es un proceso que lleva al hombre a lograr la realización de sí mismo como
persona humana, como ser social, como profesionista. Para ello requiere
primeramente conocerse a sí mismo, contemplarse, responder a preguntas como ¿cuál
es mi misión?, ¿a quien estoy sirviendo? ¿cómo debo trabajar para lograr esa
misión y servir a quien me debo?
Si
aplicamos estas reflexiones al campo de la formación de docentes, se puede
decir que el proceso formativo busca hacer que el profesor se ubique
primeramente en su labor, comprenda cuál es su misión como maestro, cuál es
su naturaleza y la naturaleza esencial de quienes él enseña, cuál es su función
dentro de la institución en que labora y finalmente cuáles son las mejores
estrategias para lograr cumplir su función y su misión de acuerdo con la
naturaleza humana.
Refiriéndose
a las tendencias actuales en la formación del profesorado, Ana Rodríguez M.
dice que estas no pueden contemplarse aisladamente, es decir, que no hay manera
de entenderlas sin que analicemos las bases que las conforman, y es así que señala
que "son el resultado o el fruto de al menos partir de una concepción del
modelo de profesor; del proceso enseñanza - aprendizaje, del concepto mismo de
Educación y de una concepción del hombre”
(1995:17). Esta aclaración nos propone partir de una idea de Educación,
de su finalidad, para de ahí estructurar, levantar el resto de cualquier
programa de formación.
Los
programas de Formación Docente deberán abarcar entonces no únicamente los
aspectos de manejo de estrategias y desarrollo de habilidades específicas para
mejorar el desempeño directo en el aula, porque ello
sólo conforma una parte de la formación del docente, sino también
elementos que sirvan de directriz para la aplicación de dichas estrategias.
Cabe
señalar aquí que, reconociendo el valor que tiene el preparar a los maestros
de manera integral y concibiendo al docente como el que sabe que tiene la misión
histórica de transmitir valores culturales a las jóvenes generaciones y, más
aún reconociendo la responsabilidad que tienen de acrecentar el acervo que se
va a transmitir, la Universidad Autónoma de Guadalajara, por medio de la División
de Apoyo para la Enseñanza y el Aprendizaje (DAPA)
estableció un programa para formar docentes buscando sí mejorar su
desempeño directo en el aula de clase, pero también atendiendo su formación
como individuos.
Se
dice que la Educación es consustancial al hombre en todas las etapas de la
vida, y el maestro por lo tanto es sujeto permanente de educación. No por tener
conocimiento pleno de su materia y ser hábil en el uso de ciertas técnicas o métodos
de enseñanza se puede decir que es un buen maestro. Es necesaria su formación
permanente como individuo puesto que es él quien, con su forma de vida, con su
ejemplo dará una enseñanza más profunda y duradera en el ser de sus
estudiantes.
En
la nueva pedagogía que ha invadido los sistemas educativos, el pragmatismo
ilimitado y la fiebre por los resultados tangibles, como lo señala Antonio
Caponnetto, dan primacía a la preparación del docente en la acción, en el
dominio de procedimientos (CAPONNETTO, Antonio.1999:76). Lamentablemente se
olvida señalar a los profesores que lo esencial en la educación es buscar
perfeccionar las potencias o capacidades de sus alumnos, su superación; se hace
a un lado enseñarles que “todo proceso educativo en el cual ellos trabajan,
debe llevar al hombre a una maduración cualitativa, a un desarrollo
perfectivo”(BASAVE FERNÁN-DEZ DEL VALLE, Agustín.1983:58). Más que nada se
“forma” al docente (en algunos programas actuales) haciéndole hincapié
advertida o inadvertidamente, que
no es la verdad sino la utilidad el objetivo primordial de la enseñanza.
Se
ha querido en este artículo esbozar el significado de formación docente y
diferenciarlo de otros términos que con mucha frecuencia se confunden con él.
Si
los programas tienen como finalidad “desarrollar principalmente las
habilidades necesarias para desempeñar eficientemente la docencia dentro de un
sistema o modelo educativo concreto”(MOTA ENCISO, Flavio.1999:3) entonces no
se habla propiamente de formación, sino de capacitación docente.
Si
se trata de poner al día a los docentes con conocimientos útiles para mejorar
su labor, entonces nos referimos a la actualización docente.
Y si de convertir al profesor en un profesional de la docencia se trata,
entonces hablamos de profesionalización docente.
Los
programas antes mencionados, de capacitación, actualización o profesionalización
son muy importantes y necesarios para mejorar el desempeño de los docentes,
pero no podemos descuidar la formación, en el sentido estricto de la palabra,
de nuestros profesores.
Con
base en las anteriores consideraciones, se puede concluir que un programa de
Formación docente debe ser
abordado en las siguientes perspectivas:
1.
Perspectiva directiva o rectora. Basada en una Filosofía Educativa congruente a
la naturaleza humana.
2.
Perspectiva teórica. Basada en el conocimiento general de la Teoría Pedagógica
3.
Perspectiva práctica. Representada por la preparación del docente en los métodos
y técnicas didácticas adecuadas, incluyendo en este punto la preparación
específica en la enseñanza de determinada disciplina.
Y
por último como complemento de actualización, una perspectiva importante hoy
en día:
4.
Perspectiva tecnológica. O preparación en el uso de nuevas tecnologías
aplicables a la educación para facilitar la enseñanza de los contenidos de las
materias.
Tomando
en cuenta estas cuatro perspectivas, se pretende contribuir a que el profesor se
convierta en “sabio de la Educación”, haciendo alusión a las palabras de
Aristóteles:
“Quien
conoce el arte se considera más sabio del que solamente la experiencia y esto
porque el primero conoce las causas y el segundo no las conoce... por esta razón
el que conoce el arte, debe ser considerado más sabio que el empírico, el que
cultiva las ciencias teóricas es más sabio que el que cultiva las creencias prácticas”
(CAPONNETTO, Antonio. 1999: 78).
BIBLIOGRAFÍA:
BASAVE FERNÁNDEZ DEL VALLE, Agustín. (1983). Ser y quehacer de la Universidad: estructura y misión de la Universidad Vocacional. México: PROMESA.
CAPONNETTO, Antonio. (1999). Pedagogía y Educación. México: Folia Universitaria.
GARIBAY GUTIÉRREZ, Luis (1976). De la capacidad para aprender. México: Universidad Autónoma de Guadalajara.
RODRÍGUEZ Marcos, Ana; Irene Gutiérrez Ruiz y Antonio Medina Rivilla (1995). Un enfoque interdiciplinar en la formación de maestros. México: Narcea.
MOTA ENCISO, Flavio. (1999). Mitos y realidades de la capacitación docente, en ACADEMIA número 5. México. Folia Universitaria.
MOTA ENCISO, Flavio.
(1999). El maestro y la calidad educativa, en ACADEMIA número 7. México. Folia
Universitaria. ![]()
Comentarios y Sugerencias:
Lic. Flavio Mota Enciso, Director DAPA
fmota@uagunix.gdl.uag.mx