La comunicación escrita
en la escuela

Por Herminia Ruvalcaba Flores y Esther Ma. Fors Cruz


      A través de la historia de la educación formal, la enseñanza de la lengua escrita ha sido tema prioritario, sobre todo, en los primeros años de la enseñanza primaria. En papiro, pergamino, y por último, en papel, los signos escritos debían siempre quedar plasmados como una reproducción del lenguaje oral. Sin embargo, es conveniente recordar que el lenguaje escrito se desarrolló primero  y solo, posteriormente, entró a formar parte de los conocimientos escolares. Su primera función fue la comunicación. Por eso es importante que busquemos el origen del conocimiento del lenguaje escrito en el entorno social en general, y no en el ámbito escolar, pues el niño, mucho antes de asistir a la escuela, ha tenido múltiples contactos con textos escritos y se ha preguntado sobre ellos. Aprender a producir textos escritos debe verse  por la escuela en toda su magnitud y utilidad y no considerarse como mera asignatura académica.  

La historia de la escritura la han visto algunos investigadores, relacionada con los grabados de animales realizados en épocas prehistóricas, o con trazos que aparecen en objetos encontrados en las excavaciones y que parecen la identificación del que los elaboró. Plantean que los dibujos representativos pudieron evolucionar a pictogramas, ideogramas y  finalmente a silabarios. Pero no todos están de acuerdo con esta teoría y nos dicen que la verdadera escritura es diferente de la pintura, porque usa un reducido número de signos convencionales y los relaciona con las formas lingüísticas,  no con las ideas, por eso una misma representación mental no se reproduce igual en las diferentes lenguas. Algunos psicólogos que sostienen la teoría de que la escritura y los dibujos provienen de los garabatos, ven entre estos y el dibujo una relación directa, pero a la escritura como derivación particular, relacionada con la actividad de los adultos. Sin embargo, parece haber concenso en que desde que el niño ve a su alrededor símbolos escritos, en un medio culturizado, comienza a encontrarles significado y hace inferencias que comienzan a acercarlo al código alfabético.

 Las consideraciones metodológicas sobre el tema se han centrado, durante mucho tiempo, en la adquisición de las letras y de los sonidos, en la decodificación del texto y en las convenciones gráficas. Una vez que los niños podían escribir los signos, la copia y el dictado fueron, durante años, los métodos más utilizados para la fijación de la escritura. Estos procedimientos, si bien son útiles y beneficiosos eran empleados excesivamente por algunos maestros, los que convertían las clases de lengua materna en el tedio de los estudiantes; que aborrecían pasar todo el tiempo en clases solamente copiando y escribiendo al dictado sin poder encontrar sentido a tanta fatiga.

 Los estudios realizados demuestran que las habilidades que desarrollan estos métodos son de bajo nivel y se relacionan con el conocimiento de la estructura superficial de la lengua. Además, obedecen a la versión restringida de que leer y escribir equivalen a la decodificación de un texto escrito y a la codificación de otro. Las tareas de nivel inferior son relevantes para el acceso a la lengua escrita en la etapa inicial de decodificación, de traducción de los signos impresos a sus equivalentes sonoros, e incluso pueden plantear dificultades a los lectores discapacitados o disléxicos, los que tienen dificultades para alcanzar tareas de orden superior, pero la aspiración de la escuela es que los estudiantes puedan alcanzar altos niveles de comprensión lectora y puedan expresarse por escrito con coherencia y lógica, de forma que lo escrito posea alguna idea con sentido y les permita desarrollar su creatividad al elaborar textos propios.

Lo referido al resto de las habilidades de comunicación no recibía mayor tratamiento y no se tenía conciencia de que las habilidades lingüísticas contribuyen decisivamente al desarrollo de la percepción, la creatividad y el razonamiento lógico. La visión del aprendizaje de la lengua escrita que lo reduce a sus aspectos mecánicos ignora un hecho básico e importante: este aprendizaje no se produce con el sujeto aislado, se da  interactuando con otros, lo que implica aprender a participar en aquellas actividades o eventos donde la escritura se utiliza. Aprendemos las costumbres lingüísticas y recursos comunicativos de las personas que nos rodean, lo cual da lugar a cambios en nuestras formas de comunicación, es un proceso hacia la persona, interno y también hacia el mundo, externo. A través de la experiencia nos vamos dando cuenta de lo que significa la escritura y lo que podemos lograr con ella; aprendemos a producir e interpretar la escritura que se encuentra en nuestro entorno y aportamos, a la vez, nuestros conocimientos a nuestras producciones e interpretaciones de los textos. Recordemos que la diferencia  fundamental que existe entre la forma oral y la escrita del lenguaje, tiene que ver con que el habla es una condición natural del ser humano, para la que estamos biológicamente capacitados y los diferentes sistemas de escritura son sistemas de representación.

El resultado de las investigaciones en los últimos veinte años relacionadas con el aprendizaje de los estudiantes, ha permitido reconceptualizar el proceso de adquisición de la lengua escrita y la importancia de ésta para el desarrollo de la actividad cognoscitiva de los estudiantes. Aprender  a leer y escribir  implica, además de la apropiación del sistema de escritura, el aprender a participar en eventos que regulan su empleo en situaciones concretas.  No se emplea el mismo lenguaje para reclamar un servicio que para desarrollar un ensayo  o una tesis académica.

En la actividad de expresarse por escrito se relacionan estrechamente el pensamiento y el lenguaje y hay autores que se refieren a que quien escribe mal, también en su pensamiento es turbio y vacilante. Al escribir se puede pensar y revisar, precisar los conceptos, organizar las ideas y desarrollar ideas nuevas, así como encontrar nuevos significados en los textos; esto contribuye al desarrollo del pensamiento y a estimular la acti-vidad cognoscitiva. Puesto que en la comunicación escrita intervienen tanto elementos cognoscitivos como lingüísticos, los maestros deben tomarlos en cuenta en el proceso educativo. No se puede organizar la docencia ni las estrategias de enseñanza aprendizaje de la lengua escrita, si se desconoce el proceso de la actividad cognoscitiva de los alumnos según  sus edades y el contexto socio cultural en el que se han desarrollado; tampoco pueden desconocerse, para una buena enseñanza, las características de la lengua que se enseña.  Son importantes, además, los conocimientos lingüísticos generales que permiten al maestro tener una cultura general de las lenguas y su funcionamiento.

En la realización de trabajos escritos están implícitos procesos cognitivos complejos, que permiten trasladar los pensamientos e ideas al texto escrito.

Se necesita pensar sobre un tema y buscar en la memoria lo que sabemos.

Para esta actividad el alumno tiene que tener en cuenta, además de los referentes de conocimiento generales que posee en su memoria, los referidos a aspectos lingüísticos: ortográficos, semánticos, morfológicos y de organización de los diferentes tipos de texto. Todo ello deberá usarlo de forma reflexiva, razonada y creativa, para poder producir un texto original y personal.

La mayoría de los autores coincide en la idea de que para producir un texto es esencial tener un propósito determinado, y sobre este tomar las decisiones convenientes. El problema no es sencillo, porque hay que considerar no solo el tópico sobre el que se tratará, sino también los lectores a quienes se dirige el texto, así como el tipo de texto que se seleccionará. Se trata del qué, cómo, para quién, para qué y por qué del texto que se escribe.

Se recomienda también tener en cuenta en la composición de textos lo que muchos consideran como aspectos estructurales y que tienen que ver con la planificación del escrito, la realización del mismo y su revisión. Estos tres procesos no se dan atomizados, pues se pueden dar para partes del texto, simultáneamente a la textualización, o de forma cíclica.

En el proceso de planificación, el escritor genera ideas y organiza su plan de escritura, además, selecciona  la estructura a utilizar de acuerdo con sus propósitos y posibles lectores. Durante la textualización se hace uso de los recursos lingüísticos para que las ideas puedan desarrollarse de manera comprensible. La revisión incluye la lectura del texto, y las correcciones que permitan la claridad y mejor comprensión del escrito.

Es recomendable que durante el proceso de redacción se tengan en cuenta los aspectos referidos al dominio del contenido, el  vocabulario del texto, la situación retórica, la ortografía, la sintaxis y la morfología, así como la coherencia y cohesión. Para esto se requiere, en ocasiones, la consulta de diccionarios, de textos informativos, el apoyo de especialistas en el tema o la elaboración de mapas conceptuales.

 

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