La comunicación
escrita
en la escuela
A través de la historia de la educación formal, la enseñanza de la
lengua escrita ha sido tema prioritario, sobre todo, en los primeros años de la
enseñanza primaria. En papiro, pergamino, y por último, en papel, los signos
escritos debían siempre quedar plasmados como una reproducción del lenguaje
oral. Sin embargo, es conveniente recordar que el lenguaje escrito se desarrolló
primero y solo, posteriormente,
entró a formar parte de los conocimientos escolares. Su primera función fue la
comunicación. Por eso es importante que busquemos el origen del conocimiento
del lenguaje escrito en el entorno social en general, y no en el ámbito
escolar, pues el niño, mucho antes de asistir a la escuela, ha tenido múltiples
contactos con textos escritos y se ha preguntado sobre ellos. Aprender a
producir textos escritos debe verse por
la escuela en toda su magnitud y utilidad y no considerarse como mera asignatura
académica.
La historia de la escritura la han visto algunos
investigadores, relacionada con los grabados de animales realizados en épocas
prehistóricas, o con trazos que aparecen en objetos encontrados en las
excavaciones y que parecen la identificación del que los elaboró. Plantean que
los dibujos representativos pudieron evolucionar a pictogramas, ideogramas y
finalmente a silabarios. Pero no todos están de acuerdo con esta teoría
y nos dicen que la verdadera escritura es diferente de la pintura, porque usa un
reducido número de signos convencionales y los relaciona con las formas lingüísticas,
no con las ideas, por eso una misma representación mental no se
reproduce igual en las diferentes lenguas. Algunos psicólogos que sostienen la
teoría de que la escritura y los dibujos provienen de los garabatos, ven entre
estos y el dibujo una relación directa, pero a la escritura como derivación
particular, relacionada con la actividad de los adultos. Sin embargo, parece
haber concenso en que desde que el niño ve a su alrededor símbolos escritos,
en un medio culturizado, comienza a encontrarles significado y hace inferencias
que comienzan a acercarlo al código alfabético.
Las
consideraciones metodológicas sobre el tema se han centrado, durante mucho
tiempo, en la adquisición de las letras y de los sonidos, en la decodificación
del texto y en las convenciones gráficas. Una vez que los niños podían
escribir los signos, la copia y el dictado fueron, durante años, los métodos más
utilizados para la fijación de la escritura. Estos procedimientos, si bien son
útiles y beneficiosos eran empleados excesivamente por algunos maestros, los
que convertían las clases de lengua materna en el tedio de los estudiantes; que
aborrecían pasar todo el tiempo en clases solamente copiando y escribiendo al
dictado sin poder encontrar sentido a tanta fatiga.
Los estudios
realizados demuestran que las habilidades que desarrollan estos métodos son de
bajo nivel y se relacionan con el conocimiento de la estructura superficial de
la lengua. Además, obedecen a la versión restringida de que leer y escribir
equivalen a la decodificación de un texto escrito y a la codificación de otro.
Las tareas de nivel inferior son relevantes para el acceso a la lengua escrita
en la etapa inicial de decodificación, de traducción de los signos impresos a
sus equivalentes sonoros, e incluso pueden plantear dificultades a los lectores
discapacitados o disléxicos, los que tienen dificultades para alcanzar tareas
de orden superior, pero la aspiración de la escuela es que los estudiantes
puedan alcanzar altos niveles de comprensión lectora y puedan expresarse por
escrito con coherencia y lógica, de forma que lo escrito posea alguna idea con
sentido y les permita desarrollar su creatividad al elaborar textos propios.
Lo referido al resto de las habilidades de comunicación no
recibía mayor tratamiento y no se tenía conciencia de que las habilidades lingüísticas
contribuyen decisivamente al desarrollo de la percepción, la creatividad y el
razonamiento lógico. La visión del aprendizaje de la lengua escrita que lo
reduce a sus aspectos mecánicos ignora un hecho básico e importante: este
aprendizaje no se produce con el sujeto aislado, se da
interactuando con otros, lo que implica aprender a participar en aquellas
actividades o eventos donde la escritura se utiliza. Aprendemos las costumbres
lingüísticas y recursos comunicativos de las personas que nos rodean, lo cual
da lugar a cambios en nuestras formas de comunicación, es un proceso hacia la
persona, interno y también hacia el mundo, externo. A través de la experiencia
nos vamos dando cuenta de lo que significa la escritura y lo que podemos lograr
con ella; aprendemos a producir e interpretar la escritura que se encuentra en
nuestro entorno y aportamos, a la vez, nuestros conocimientos a nuestras
producciones e interpretaciones de los textos. Recordemos que la diferencia
fundamental que existe entre la forma oral y la escrita del lenguaje,
tiene que ver con que el habla es una condición natural del ser humano, para la
que estamos biológicamente capacitados y los diferentes sistemas de escritura
son sistemas de representación.
El resultado de las investigaciones en los últimos veinte años
relacionadas con el aprendizaje de los estudiantes, ha permitido
reconceptualizar el proceso de adquisición de la lengua escrita y la
importancia de ésta para el desarrollo de la actividad cognoscitiva de los
estudiantes. Aprender a leer y
escribir implica, además de la
apropiación del sistema de escritura, el aprender a participar en eventos que
regulan su empleo en situaciones concretas.
No se emplea el mismo lenguaje para reclamar un servicio que para
desarrollar un ensayo o una tesis
académica.
En la actividad de expresarse por escrito se relacionan
estrechamente el pensamiento y el lenguaje y hay autores que se refieren a que
quien escribe mal, también en su pensamiento es turbio y vacilante. Al escribir
se puede pensar y revisar, precisar los conceptos, organizar las ideas y
desarrollar ideas nuevas, así como encontrar nuevos significados en los textos;
esto contribuye al desarrollo del pensamiento y a estimular la acti-vidad
cognoscitiva. Puesto que en la comunicación escrita intervienen tanto elementos
cognoscitivos como lingüísticos, los maestros deben tomarlos en cuenta en el
proceso educativo. No se puede organizar la docencia ni las estrategias de enseñanza
aprendizaje de la lengua escrita, si se desconoce el proceso de la actividad
cognoscitiva de los alumnos según sus
edades y el contexto socio cultural en el que se han desarrollado; tampoco
pueden desconocerse, para una buena enseñanza, las características de la
lengua que se enseña. Son
importantes, además, los conocimientos lingüísticos generales que permiten al
maestro tener una cultura general de las lenguas y su funcionamiento.
En la realización de trabajos escritos están implícitos
procesos cognitivos complejos, que permiten trasladar los pensamientos e ideas
al texto escrito.
Se necesita pensar sobre un tema y buscar en la memoria lo que
sabemos.
Para esta actividad el alumno tiene que tener en cuenta, además
de los referentes de conocimiento generales que posee en su memoria, los
referidos a aspectos lingüísticos: ortográficos, semánticos, morfológicos y
de organización de los diferentes tipos de texto. Todo ello deberá usarlo de
forma reflexiva, razonada y creativa, para poder producir un texto original y
personal.
La mayoría de los autores coincide en la idea de que para
producir un texto es esencial tener un propósito determinado, y sobre este
tomar las decisiones convenientes. El problema no es sencillo, porque hay que
considerar no solo el tópico sobre el que se tratará, sino también los
lectores a quienes se dirige el texto, así como el tipo de texto que se
seleccionará. Se trata del qué, cómo, para quién, para qué y por qué del
texto que se escribe.
Se recomienda también tener en cuenta en la composición de
textos lo que muchos consideran como aspectos estructurales y que tienen que ver
con la planificación del escrito, la realización del mismo y su revisión.
Estos tres procesos no se dan atomizados, pues se pueden dar para partes del
texto, simultáneamente a la textualización, o de forma cíclica.
En el proceso de planificación, el escritor genera ideas y
organiza su plan de escritura, además, selecciona la estructura a utilizar de acuerdo con sus propósitos y
posibles lectores. Durante la textualización se hace uso de los recursos lingüísticos
para que las ideas puedan desarrollarse de manera comprensible. La revisión
incluye la lectura del texto, y las correcciones que permitan la claridad y
mejor comprensión del escrito.
Es
recomendable que durante el proceso de redacción se tengan en cuenta los
aspectos referidos al dominio del contenido, el vocabulario del texto, la situación retórica, la ortografía,
la sintaxis y la morfología, así como la coherencia y cohesión. Para esto se
requiere, en ocasiones, la consulta de diccionarios, de textos informativos, el
apoyo de especialistas en el tema o la elaboración de mapas conceptuales.
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Comentarios y Sugerencias:
Lic. Flavio Mota Enciso, Director DAPA
fmota@uagunix.gdl.uag.mx