Luces y sombras en la televisión

Centro de Estudios Humanísticos


    La televisión es un centro  principal de emisión de mensajes mediante imágenes. Su propósito es brindar “entretenimiento”, es decir, momentos de  relajación, diversión a los televidentes.

Al respecto nos dice Alfredo Sáenz en El Hombre  Moderno: “El ocioso que, sentado en su sillón, cree relajarse, hace girar el  botón que hará estallar en el silencio de su  interior la vehemencia sonora de la televisión, a menos que haya  ido a buscar en una sala oscura los espasmos visuales y sonoros del cine. Un prurito auditivo y óptico obsesiona, sumerge a nuestros contemporáneos. Esto ha implicado el triunfo de las imágenes. Son el centro del hombre cuya atención tienen ellas (las imágenes) la misión, en la publicidad, de despertar y luego dirigir.  Además  suplantan a  la lectura, el papel que le  estaba destinado para nutrir  la vida moral”.

“Pero en lugar de presentarse al pensamiento como una oportunidad de reflexión, pretenden violentarlo, imprimirse en él por una proyección irresistible, sin dejar a ningún control racional el tiempo de levantar  una barrera o para  interponer siguiera  un cernidor... La  proliferación de la imagen, como  instrumento de información, precipita la tendencia del hombre moderno a la pasividad.  Incapaz de reflexión y de control, registra y  sufre una especie de hipnotismo larvado”.

La TV sin proponérselo en un inicio, pero tal vez como un acto de remordimiento ante la frivolidad de su contenido, tiene la vertiente de ser un complemento  cultural, demandado por un sector de la audiencia que reclamaba más de la insulsa programación. Canales culturales  de la BBC, el History Chanel y  el Discovery, se han abierto paso entre la vanalidad. Y de hecho en México EduSat ha instrumentado una pedagogía en nuestro país y una divulgación de costumbres antropológicas de nuestras etnias.

Parecería que existe una contradicción entre la cita de El Hombre  Moderno y  lo anterior, pero es la misma televisión que refleja una diversidad de temas y la vida misma, cuando no la ha perfilado previamente.

También es un emisor de noticias y  foro de debates. Limitado por el tiempo y por la velocidad de la proyección, editado, matizado  por las opiniones en ocasiones del conductor o el autor del guión.Enfatiza con la imagen, encuadra lo que se  puede, según  su criterio, justificar el tenor  de la nota, en  tanto se borra hasta donde sea posible una visible emoción y se oculta del lazo vinculante del informador y del hecho mismo, presentado a través del primero.

La televisión se ha  adicionado de programas de análisis. Saltan a la palestra intereses y  posturas, en  tanto un  moderador trata de mantener la  equidad y la inmarcesible objetividad. Para algunos conductores del canal 40, ahora de TV Azteca, los “paristas”  de la UNAM son “chicos” que deben ser liberados  por las autoridades del Distrito Federal, perredistas, luego de ocasionar severos daños  en la propiedad ajena y alterar el orden,  bloquear vías  de comunicación, en tanto en el canal 13 de la misma casa Azteca, Javier Alatorre advierte de los “desmanes”, de la irritación e impaciencia y complacencia de las autoridades ante estos autores a los que sutilmente cataloga como subvertidores.

Este es un ligero ejemplo del “tratamiento” de la información que ofrece la televisión y que mientras mantenga  elementos humanos en su presentación y manejo arbitrario de la información, no dejará de inclinarse a determinadas tendencias. Será la variedad de opciones informativas la que satisfaga mejor esa necesidad, identificándose con el acontecimiento  informativo desde una postura u otra.

Pero ciertamente, la televisión nos ofrece un caudal poderoso de noticias y de programas de debate.

En forma paralela se han creado programas de escándalo, como pueden ser catalogados Cristina, Sevcec, Gerardo, etc., en que se abordan temas como el adulterio,  la virginidad, y otros  temas que parecen fugarse de la patología mental, de las más aberrantes desviaciones o de los representantes de diversas subculturas sociales, todo ello puesto a consideración  democrática de un público que se deja arrastrar, opina, condena o aprueba con puntos de vista  no calificados.

La televisión tiene una “barra” infantil en que los  dibujos animados o series pretenden  ser consejeros ante los  dilemas del  hogar o de  la escuela  y en los que las objeciones se han hecho a la exagerada violencia de series como Dragon Ball, Caballeros del Zodiaco, de la animación  japonesa; sin  olvidar el sentido caústico de series de la Warnes Brothers como los Animaniacs, que satirizan lo mismo a Beethoven que a otras formas culturales diversas.

Con lo anterior expuesto podría considerarse que  lo más oportuno es prohibir-disminuir el uso de la televisión. Desde luego que sería muy saludable que fuera sustituida por un buen libro, pero definitivamente es contraproducente prohibirla. Sería absurdo, ya que es uno de los aditamentos modernos que realizan la comunicación global actual.

En este medio generador se puede hacer que en una pantalla se escojan hasta 140 canales, en el caso de tele-satelital, o de un promedio de 40 canales para sistemas privados o de  cable.

No es tampoco el único medio. La radio y los periódicos lo son también aunque atados a la zaga de la televisión, como lo advierte Humberto Eco, en sus Escritos Morales. La televisión ha sido también competidora  del cine y se ha complementado con el video casero.  De hecho ya no se requiere de un gran estudio para grabar, transmitir y reproducir un video  “casero”. La tecnología ha puesto este procedimiento al alcance de la clase  media.

La TV ha sido rebasada en su capacidad inmediata de retroalimentación por el Internet.  La correspondencia electrónica, la visita a  portales en que se encuentra la información buscada, y no limitada a lo que puede ofrecer la televisión como medio programado.

Enumerar lo que se  ve  en este sistema no es el propósito de este trabajo, sino aportar conclusiones que, como una obligación de reflexión e intercambio de ideas, es parte de la labor universitaria de organismos como el Centro de Humanidades y de Investigación Institucional de la Universidad Autónoma de Guadalajara, en lo que viene a sumar una aportación para resaltar lo mejor y disminuir lo  peor  de este medio inevitable.

El tema ha sido analizado con relevancia desde 1971 en que la UAG realizó una mesa redonda con destacados especialistas, como el publicista Eulalio Ferrer, los periodistas Gregorio González Cabral y Arturo Deustúa (QEPD), y en ese mismo acontecimiento, ampliando el contenido interdisciplinario, participaron el Lic. Antonio Leaño Álvarez del Castillo, nuestro actual Rector, el Lic. Carlos Pérez  Vizcaíno, destacado pensador universitario  (QEPD),  el Lic. Raymundo Guerrero (QEPD) y el  Lic. Guillermo Hernández  Ornelas, que ofrecieron a los trabajos su conocimiento jurídico e histórico al que se agregó el de los expertos Lic. Alfonso Rivas Salmón, en el área humanística y del profesor Alvaro Romo,  que incursionó en el tema lingüístico.

Una  de las orientaciones de ese trabajo  de  1971, fue el proponer una mayor integración latinoamericana.  Los pensadores convocados acertaron, ya que la evolución de los medios, sus referencias  presentadas, dieron paso a esa integración al producirse en 1991, la Reunión Cumbre de Presidentes de Iberoamérica en nuestra ciudad, y que dieron lugar a la aplicación  política de muchos de esos conceptos, comprendidos o generados por los propios gobiernos y los propios  medios, al lograr la temporal integración denominada en la televisión como la “Cadena de la Américas”.

Los especialistas  señalados reunidos en esta  Casa de Estudios, enfatizaron en 1971 la procedencia extranjera  de los contenidos de los programas difundidos, particularmente de los Estados Unidos e Inglaterra.  Actualmente  se utilizan algunos  programas procedentes de la ola de modernidad de España y de su cinematografía, que no logran alcanzar más que excepcionalmente buenos índices de calidad con una  presencia  mínima.

El fenómeno en el año 2000 coloca en ocasiones a la misma programación como productos emigrantes o descendientes extranjeros en los mismos Estados Unidos y que bajo la existencia de supercadenas televisivas rigen la creación de series.  Muchas de  ellas, ya ni siquiera reflejan el puro “american way of life”, sino que lo desbordan, haciéndolo global o definitivamente ajeno.

La  consolidación de  cadenas televisivas se significó en México con Televisa, que llegó a reproducir el modelo de influencia en  Centro y Sudamérica, y que mantiene un fuerte liderazgo mundial en la creación de telenovelas. Surgió la televisión oficial, que fue exitosamente privatizada y llegó a la cadena TV Azteca, que  comienza a ramificarse a  Centroamérica.

Brasil, por su  parte, acrecentó su cadena Globo, pero actualmente cada país tiene su propia productora, con diversos alcances de propagación y de  producción.

En  México las corporaciones Televisa y TV Azteca no son precisamente  diseñadoras de  la  vida nacional, pero su  influencia es mayor incluso en  el campo político de  forma directa.  En su parte social han creado  eventos solidarios como el llamado “Teletón” y gestionando lo que se  denomina televisión social.  Es innegable  que ambas han fomentado junto a su programación mayoritaria, ligera, valores  cívicos  y han contribuido al desarrollo del país, sin olvidar su impacto en la relación publicitaria y comercial.

En 1971 apenas se conceptualizaban ideas  como la “opinión pública” en  nuestro foro.  En el año 2000 las televisoras mexicanas parten de  este concepto para muchas de sus acciones.  El segmento de la existencia  de comunidades  indígenas en México,  fue  abordado  en ese Encuentro de Integración y Comunicación Colectiva de 1971,  desde la perspectiva propia y de la comunidad latinoamericana.

Se propuso acercarlas a los valores de conciencia nacional, darles asistencia, información jurídica, adentrarlos en  los sistemas de salud y educación, respetar su identidad y acercarlos a la  sociedad mexicana que nuestros ilustres  participantes delinearon, en el caso de Raymundo  Guerrero, hasta  con pasión.

Esa  anticipación de  vincular medios  contra la marginación resultó finalmente  recomendada y por fortuna aplicada en forma variable, más bien intermitente.  Pero era  más trascendente y positiva que dogmatizarlos con doctrinas obsoletas marxistas y utilizarlos  como peones de  la conquista del  poder por el subversivo Ejército  Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) que ha librado su  guerra...no de integración indigenista, sino de toma del poder   precisamente en forma de  guerra electrónica y de papel.

La  nueva tendencia  es que un medio como es la televisión tenga una marcada  influencia en las contiendas electorales. Todos los candidatos han acudido a la difusión televisiva, incluso  de comparsas de programas  humorísticos.  Su imagen, repetición y profusión de textos es primordial en la pantalla chica, adicionada a la radio y la prensa.

Los  debates, los discursos televisados son impactos visuales que pretenden lograr el favor de la opinión pública.  Los  procesos políticos  son editados, modificados al  vídeo, incluso telenovelados.

Hay que redundar en que el lente presenta una imagen, pero no  todo un  contexto de  la misma.  La imagen no da una aplicación real y profunda de un hecho.  Un manifestante siendo golpeado  puede dar lugar a que se interprete más como  víctima de una injusticia que  como merecedor de esa medida punitiva, que puede tener su  generación en causas graves de violencia,  daños a terceros y  a la sociedad.  La  competencia entre los medios, más su libertad de expresión, es una de las mejores fórmulas para lograr coberturas de mayor calidad y veracidad.

Como una nota marginal, Eco nos advierte que los periódicos han caído en la cauda de la televisión y han imitado su estilo breve de informar.  Han suprimido mayor cantidad de  información y documentación que pueden hacer  la  diferencia  en  un proceso de  información completa.  Hoy  los periódicos son “diseñados” a usanza de la televisión, jugando con  ello tal vez  su propia  trascendencia al buscar agenciarse “lectores fáciles”.

La aldea global de  McLuhan es un hecho.  Las catástrofes en Venezuela  o el genocidio en  otro punto del globo son solamente “informaciones” que en ocasiones impactan... pero que parecen ocurrir en Marte.  Ha sido tanta la saturación informativa que se ha fomentado el cinismo.

Esto es, la televisión  incrementó su  poder y al mismo tiempo su debilidad.

En tres generaciones han cambiado los hábitos  de  vida y el conocimiento. Por ejemplo, la transmisión de eventos religiosos del Papa Juan Pablo II, nos lleva a su imagen, pero no a interiorizarnos en la  complejidad del significado de los ritos. En ocasiones parece condenarse  a la imagen del Papa aclamado por muchedumbres, más que su contenido espiritual, sus mensajes, sus  símbolos y  contenidos.

Paradógicamente vivimos una era de  gran ignorancia fundamental de la fe católica.

La Iglesia reaccionó primero con Le Observatore Romano, siguió  con  Radio Vaticano y ahora  en Estados Unidos tiene su Canal Mundial  Religioso, pero su programación abusa de la presentación  de  sacerdotes  o religiosas que en ocasiones parecen contagiarse del estrellato que  da la televisión. Asombrosamente muchas de las misas que transmiten... aplican las formas litúrgicas de antes del  Concilio Vaticano II, en latín, comunión de rodilla, etc.

El gran problema para la difusión religiosa está en que su programación no llega a crear series visualmente atractivas, dinámicas y argumentales.

De no ser por el esfuerzo de Sir Lew Grade, y del director italiano Franco Zefirelli, no tendríamos la mejor representación y  extraordinaria realización de la vida  de Jesús.  Robert Powell se  ha convertido en un  “ícono”.  Pero no  fue el Vaticano el  que dio vida a esa cinta  o miniserie, sino laicos  inmersos en el asunto.

Eulalio Ferrer, al fin  publicista,  no dejó de condensar la contribución en nuestra vida  moderna de la influencia comercial de la publicidad y está dentro de la televisión. La creación de nuevos modos de consumo, de nutrición, de higiene, de bienestar doméstico, transporte,  así como la interminable oferta de nuevas tecnologías para lo mismo, han creado  el deseo de objetos de lujo, de más cosas innecesarias. Ahora, la publicidad no se ha  limitado a ofrecer una marca y pronunciar sus ventajas,  sino que  ha recurrido a la cita  subliminal, a la asociación éxito,  poder y sexo.

Los patrocinadores deben establecer un concepto publicitario con ética. Actualmente se abusa de la imagen  del obispo que  vuela por tal línea aérea, por el cura del coche de lujo, o el que  prefiere cierta agua embotellada. Se han  creado estereotipos.

Parece que ser  del clero es parámetro de un “bon vivant”. Y, pese a la importancia que está  dándose en el aspecto de la comunicación, a  este aspecto se le ha soslayado por parte de la jerarquía eclesiástica.

La publicidad así como la forma de  vida de las series de televisión hacen propuestas de consumo que alimentarían perfectamente la tesis de la lucha de clases, ya caduca. Lo mismo en una cabaña que en la sierra, se hace la recepción de una rubia que baja de un súper-auto y anuncia un brazalete de diamantes, que anuncios de caridad para los niños de la calle. Es extrema la incongruencia de los  mensajes. Las regulaciones sobre bebidas alcohólicas y sobre tabaco en la publicidad, no limitaron la extravagancia publicitaria.

¿Qué hacer frente  a  esto?  Aceptar o rechazar la oferta.  Y a la vez ha surgido una  preocupación reciente en la publi-televisión:   No porque un  producto se anuncie en televisión se garantiza el éxito.

El desarrollo económico del país, que ha pasado por momentos distintos, ha continuado a pesar de los reveses.  Existen mejores condiciones de vida y más bienestar e incluso derroche aún  en las clases económicamente consideradas débiles.  Cuestión  de cultura, o de emoción, pero en ello la televisión ha sido una máquina.  Nuestra sociedad y su medio  electrónico  optó  por el automóvil,  como factor de bienestar, lo hizo  de primera necesidad, de  ostentación, y la sociedad se adaptó a ello.  Sus ventajas y desventajas son...otra historia.  Pero los costos económicos, ecológicos y psicológicos en una gran urbe son innegables; con el auto de manera más acelerada llegaron millones de aparatos a las casas. Hay un promedio alto de aparatos por vivienda y esto se corroborará con los resultados del censo próximo.

La tele refleja la vida social, pero también es en ella en que se incuba la forma de vida.

Hablar de este medio lleva inevitablemente a dos variables imprescindibles que son parte del cine, hasta de los juegos de vídeo: sexo y violencia.

En ese rubro las propuestas y destape parecen no tener fin.  En algunos casos, el ingrediente moda, que ahora tiene espacio en la pantalla, adopta nuevos atrevimientos. Inclinan más la balanza las iniciativas, actrices y actores que en sus presentaciones ofertan más desnudo.  De hecho el problema es que el desnudo ya no parece ser suficiente.

El abordar temas como el homosexualismo, lesbianismo, y darles hasta a esas parejas una condición de similitud a una familia, ya dejaron de ser sorpresa. Las escenas “explícitas” de amor se aproximan más cada día a la pornografía.

En nombre del arte, de la intención fílmica, de reforzar tal o cual personaje, esto ha generado un proceso de imitación, una conducta nueva.  La sociedad retroalimenta el mensaje y lo envía corregido y aumentado, luego el medio parece quedarse atrás y tiene que dar otro paso más “adelante” lo que debe significar de mayor degradación o ya no divierte.

Surge entonces una sociedad enferma, con crueldades contra menores, mujeres, con desviaciones de sexualidad, con crímenes de menores, que antes parecerían delirios de los “anormales” de la industria del cine o de la televisión.

Las medidas anticonceptivas, las relaciones extra y pre-matrimoniales, el uso del preservativo y de medidas anticonceptivas, de las cuales solamente queda por aprobar la muerte del feto-vivo, son la vida común de la pantalla o de nuestra sociedad.

Partamos de una sociedad contaminada.  Pero intentemos que esa sociedad que consume degradación sexual pueda librarse de esa enajenación.  Hay que dar mensajes en sentido contrario y que en el ámbito de la libertad liberal que vivimos, salven algunos de los dolorosos errores que estas desviaciones suelen acarrear.

La televisión ha llegado a colocar en otro nicho al deporte como forma “sana” de entretenimiento.  Lo mismo difunde prácticas extremas que parecen intentos de suicidio, que sesiones de todas clases y de todas partes del mundo en que existan formas de competencia.

Es verdad que para millones de mexicanos (de italianos, argentinos, ingleses, brasileños, etc.), un domingo sin futbol es ingrato y aburrido y que la pantalla chica hace a los héroes.  Importa más esa ventana que la taquilla; hace héroes que terminan en los comerciales, y finalmente domina el horizonte, pone los horarios, regula la competencia, todo para que los protagonistas deportivos sirvan.

La televisión ha contribuido a crear la muerte del deporte en cuanto a honor, en satisfacción lúdica. Ganar lo es todo, en lugar de deportivismo, se ha llegado a la competitividad como finalidad.  Todo orientado a factores económicos.

El deporte se ha visto también invadido de conductas anti-deportivas, héroes que insultan a la multitud, o que ofenden al rival. El morbo es el incentivo. Nuevamente surge la necesidad de volver a tener una nueva visión del deporte y no lo que ha digerido la máquina electrónica.

Claro que señalamos al principio que efectivamente la televisión tiene entre otros aportes la educación. Los participantes de aquella mesa redonda ya enfatizaban en sus intervenciones, que el bombardeo de imágenes absorbían la atención de los escolares y universitarios, que frente a las aburridas horas de aula, estaba la imagen esperando.  La imagen gana frente a la escuela que ahora usa hasta el video en un esfuerzo de capturar la atención escolar aun en escuelas básicas apartadas.  Al parecer no se pudo con el enemigo y se optó mejor tratar de canalizarlo positivamente.

Por ello en las recomendaciones de la mesa redonda multicitada se indicó que era necesario mantener la investigación interdisciplinaria del fenómeno.  De ese tiempo a la fecha, la Universidad Autónoma de Guadalajara, ha invitado a destacados conductores, periodistas televisivos y hasta humoristas para dar sus puntos de vista y mantener frescas las referencias en la evolución del problema.  No existe sin embargo un monitoreo extensivo y cualitativo de los efectos del medio electrónico.

Los esfuerzos propios y naturales de los estudiosos de las ciencias de la comunicación deben tener mayor repercusión.

No se trata de hacer una censura, sino determinar causa-efecto de lo transmitido por los canales.  Los mismos medios no son muy proclives a la auto-crítica.

El control  es competencia de la Secretaría de Gobernación, de su Dirección correspon-diente y de las Leyes y Reglamentos respectivos.

Debemos exigir a la autoridad que se haga valer el criterio de valores morales oficialmente reconocidas como buenos, para preservar a la misma sociedad.

Cada televisora sabe su cuento.  Pero el saber cómo no implica que sepan qué es lo mejor para los demás. La crítica y la exigencia de responsabilidad a los medios es deber de cada ciudadano, de cada maestro, de cada Universidad, de cada padre-madre de familia, porque afecta sus vidas, sus tradiciones, su identidad.

No se puede vender, como un Fausto moderno, el alma social al Diablo, que seguramente a nadie se le ocurre representarlo como un aparato de televisión.  El mensaje etéreo, omnipresente en el globo ha sido disolutivo del ambiente familiar.  Las historias edificantes, de tipo “inspiracional” o de biografías de personalidades, han salido perdiendo frente a la basura.  Lo que antes era restringido a adultos “de amplio criterio” hoy está al alcance de la programación vespertina y todo se limita a poner una letra de clasificación de contenido.

Ahora estamos viendo el asesinato de la moral y nadie grita.  Bueno, los que intentan protestar lo hacen con el enfoque de que es mala, vulgar, y nada más.

La Tele ha cambiado el contexto familiar.  Es nana de los niños; actualmente se considera que quien tiene el control del aparato a distancia, es el que controla la familia.  El aparato ha dividido a los sujetos de la familia que no se comunican entre ellos, ya que se aislan en su selección adictiva.  Si de algo puede hablarse,  es del evento que interese a varios de los miembros, es una segmentación celular que necesariamente tiene efectos en la vida.

Es una dispersión.  Es un nuevo culto a una nueva imagen cambiante, que todo lo concentra, que llega a tomar la conciencia.

Alfredo Sáenz, nos ofrece algunas citas en “El Hombre Moderno” que son procedentes y aterradoras:

“La tesis de fondo es que el vídeo está produciendo una transformación merced a la cual el Homo Sapiens producto de la cultura oral y escrita, se va convirtiendo en Homo Videns”.

“En adelante pareciera que la vida encuentra su centro en la pantalla y ello en detrimento de la palabra.  El número de los que leen está decayendo sensiblemente en aras de la pantalla televisiva”.

“En Estados Unidos, en 1954, se veían tres horas de televisión al día y en 1994, más de siete horas diarias”.

No requieren más comentarios.  Agrega el autor  argentino:

“La imagen no contribuye a explicar la realidad de las cosas, ya que el acto de ver está atrofiando la capacidad de entender.

“Muchas palabras, especialmente las que representan conceptos e ideas, no tienen correlación alguna con cosas visibles; si el contenido resulta intraducible en imágenes.  Es cierto que en algún modo puedan ser presentadas, como el concepto libertad, con la imagen de un preso que abandona una cárcel”.

“Cuando la televisión suple a la lectura, produce imágenes y anula los conceptos, de ese modo atrofia la capacidad de abstracción y con ella la capacidad de entender”.

Y una más: “El imperialismo de la imagen va demoliendo el reino de la palabra y la inteligencia, con el consiguiente acrecentamiento de la estupidez y la necedad”.  El capítulo “La adicción televisiva” es elocuente en esta obra.

Surge la ironía de si habrá quién lea todo esto, porque de no estar en video, se corre el riesgo de ser intrascendente.

Arturo Deustúa decía en esa mesa redonda lo mismo:

“Educar utilizando los medios de comunicación colectiva no quiere decir que se presenten por televisión dos o tres programas de contenido cultural, sean un documental sobre África o un concierto sinfónico.  ¿De qué sirve si en otro canal se presenta simultáneamente uno pornográfico que tiene un “rating” del 90% del teleauditorio?”

Deustúa señalaba sobre el cine-video: “Aborda cada vez temas más inconsecuentes y complicados.  Por resaltar las cualidades de un actor se presentan temas extremos, ya de un retraso mental que comete crímenes increíbles o el de un degenerado que satisface ocultas represiones y despierta instintos vulgares”.

La caricatura y la comedia no han escapado a esa ola gigante.  Los Simpson darían lugar a profundos estudios por la diversidad de sus parodias de creencias e instituciones fundamentales; incluso contra la misma televisión.  Entendamos que los videos musicales han ampliado el sensacionalismo erótico bajo el pretexto romántico.  El problema se dirige a las nuevas generaciones, ya que de alguna manera, cierta cultura y cierta lectura han preservado a muchos sujetos de las anteriores.

Se tiene que luchar para que las nuevas generaciones lean, tengan cultura y valores, con y contra la tele.

El medio ha evolucionado creando canales que buscan satisfacer esa exigencia mayor de cultura:   La Literatura es el sustento de muchas series, películas. La misma ciencia ficción empieza en la Literatura y no perdamos la esperanza.

Arturo Destúa, citando a Paul Lazarfeld indica que las personas cultas son las que más acuden a los medios de difusión, seleccionando las opiniones con las cuales están de acuerdo, como una reafirmación de su personalidad.

Existe pues la posibilidad de que se logre darle utilidad a los diversos materiales difundidos por la televisión. Incluso la carga exagerada y repetitiva de sexo-violencia no garantizan el éxito de un programa y existe un control electrónico que hace las veces de guardián para restringir ciertos canales o materiales no aptos. Lo que hace ese dispositivo no es sino el reflejo de la tutoría de orientación, información y realidad para reaplicar las necedades o falsedades que proponga la pantalla.

Los encuentros, páneles y mesas redondas suelen resultar pompas que nadie escucha y que nada aplican.  Es curioso ver que otra de las propuestas que esa afortunada mesa redonda de Comunicación e Integración sugirió por don Eulalio Ferrer, una Exposición Latinoamericana de Artesanías, que fundó posteriormente el Rector Luis Garibay en El Refugio de Tlaquepaque y luego en Expo.

Desde las recomendaciones surgidas  entonces en esa mesa redonda se impulsa la investigación interdisciplinaria de los medios por  distintos organismos; se recomendó coadyuvar con el público para desarrollar un espíritu crítico de la comunicación colectiva y en el año 2000 se sigue haciendo... y nuestra Institución lo aplicó en medios escritos.

Pero falta otra víctima importante de la televisión, uno de los grandes errores y recomendaciones no escuchadas por los medios electrónicos: la deformación extranjerizante de nuestro idioma, su pésimo uso, al punto que se tiene que exigir a las autoridades un mayor control. Nuestro léxico real, modismos y vulgarismos, no deben ser fomentados por comedias, cintas ligeras, programas noticiosos y hasta en el léxico de las telenovelas para dar una sensación de “realismo” de mal gusto.

Pero otros puntos reclaman la atención.  En su intervención  en  la mesa redonda el Licenciado  Raymundo Guerrero  indicó que el medio debe  ser portador de  un sentido nacionalista, integrador, evitando los sectarismos.  Proponer  ideas que maduren sociológicamente a nuestro pueblo, que lo  hagan tener  conciencia nacional, que lo ubiquen  en el mestizaje, en su raíz  católica  y su fraternidad hispanoamericana.

Ya se indicó que entre las recomendaciones se insistió  en estudiar políticas de integración y  los núcleos indígenas para un mejor uso de la comunicación colectiva.  Es la  mejor forma de romper el aislamiento. ¿Tal vez por ello los  “zapatistas” marxistas se oponen a la infraestructura carretera en Chiapas?  Se propuso romper los modelos de cacicazgo  y formas de marginación a  la mujer y con una demagógica redención de todos  los  que quieren  convertir, a los indígenas, en peones del proyecto reaccionario de hacer regresar la historia a la forma tiránica socialista.

Nuestros medios, y particularmente la televisión, creen cumplir con la transmisión de eventos cívicos  que se reducen a  discursos alusivos. La necesidad es divulgar la historia, divulgar los valores nacionales, lo que se ha logrado hasta  en intermitentes producciones de telenovelas:  “El Vuelo del Águila”, que ofreció otra imagen de Porfirio Díaz, o  “La Antorcha  Encendida”,  de la lucha insurgente.

Existe el riesgo de la monotomía  y el enfoque oficialista  o tendencioso de  este tipo de material, pero en todo el mundo la historia propia  sigue alimentando argumentos importantes.  Es  un campo por el que  se tiene  que seguir.

El Lic. Raymundo Guerrero y el propio actual Rector, Antonio Leaño, dan en sus escritos y discursos importantes señales del camino de la afirmación  de la  mexicanidad.  Esta  sigue viva  en  cada uno de nuestros siglos y buscando conformarse, pero falta  investirla  y alentarla en lo que la media electrónica requiere.  Pasar el texto del orador, del historiador a la dinámica de la imagen.

Para mejorar la televisión hay que ser parte de la misma y trabajar con ella. La televisión universitaria en el caso de nuestra comunidad y ello incluye a la UAG, se ha limitado a programas de tipo panel o de notas de vida universitaria. No hay orientación ni con muchos, ni pocos recursos a crear programas de entretenimiento cultural, o de difusión científica.

El Politécnico Nacional invierte recuros importantes en su canal Once, en que ha pasado de la crítica intelectual a realizar series bien logradas y programas de entretenimiento cultural, o de la difusión científica.

El Canal Once ha pasado por etapas casi de extinción. Pero los alumnos de Ciencias de la Comunicación tienen el deber de echar a andar sus proyectos con muchos o pocos recursos. El tema de la revolución de mayo del 68 de “La imaginación al poder”, debe ser inspirador. Actualmente en comunicación escrita todas las instituciones realizan grandes aportes. Revistas especializadas, folletos, memorias, conferen-cias... y muchos de sus propios eventos no son destacados por carecer de una adecuada presentación para la televisión.

La UAM (Metropolitana) propuso en 1999 una revisión de lo que conceptúa como costumbre de la difusión universitaria. Hay casos exitosos como la permanencia desde el punto de vista de diversidad de contenido de experiencias radiofónicas que en Jalisco representa la U. de G. con frescura y anarquía.  La referencia de hacer cosas como el Discovery redunda en el profesionalismo de la presentación, y dentro de ese concepto cabe el del financiamiento, pero ese profesionalismo debe hacerse sentir desde ahora en los medios y hacer audaz a la televisión universitaria.

Finalmente, nos pronunciamos y actuaremos con responsabilidad en la búsqueda de mejores contenidos para la televisión, en todos los órdenes, respetando su razón de existir y su base comercial. Reiteramos que los sectores sociales deben alentar la inversión creativa para lograr ese desarrollo y alcanzar mayor independencia con respecto a la producción extranjera.

Reconocemos que tanto Televisa como Azteca son empresas ejemplares y exitosas, invitándolas como ya lo ha hecho el presidente Ernesto Zedillo a seguir trabajando sin olvidarse de sustentar una ética que aporte a los mexicanos mensajes de superación, integración, nacionalismo y cultura para que el número de horas - tele, sean incubadoras de mejores ciudadanos.

No condenamos a la televisión, sino a la degradación que como vía fácil se emplea para aumentar el interés con base en el escándalo.

Consideramos que como casa de estudios estamos dispuestos al intercambio plural de conceptos y que nuestra crítica sea propositiva.

Así lo hemos hecho desde 1971 y esperamos seguirlo haciendo.

Por cierto, ¡que el último en salir... apague la tele!

 

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Lic. Flavio Mota Enciso, Director DAPA
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