Los grandes retos
de la educación superior


Por: Flavio Mota Enciso


En los albores de este nuevo siglo, ante una sociedad en la que el asombro por los descubrimientos e innovaciones científicos y tecnológicos se han convertido en una cuestión cotidiana, las instituciones educativas de nivel superior enfrentan grandes retos que impactan no solo su tarea formadora de profesionistas, sino además precisan de la revisión de sus funciones y reafirman la importancia de su misión. Entre los principales retos se pueden enunciar:
El reto por la actualización del conocimiento. El crecimiento actual del conocimiento y el desarrollo tecnológico, hacen que aún el mejor plan de estudios se vuelva obsoleto en poco tiempo. Parece que cada vez es más lo que hay que aprender. Hasta hace poco las diferentes disciplinas científicas presentaban focos de desarrollo bien localizados, los cuales tenían, por así decirlo, cierta "exclusividad" sobre esas disciplinas, pero esto ya no sucede más: la información ahora se genera en todas partes del mundo y prácticamente la conocemos en el momento en que está surgiendo. Hasta hace unas décadas eran las instituciones educativas (y algunas otras instituciones sociales) quienes tenían el conocimiento y eran las encargadas de transmitirlo a las nuevas generaciones, pero también esto está cambiando radicalmente. Ahora el conocimiento ha adquirido una característica de ubicuidad. Se puede acceder a él desde cualquier sitio, a través de las redes electrónicas de información, y la universidad es sólo una fuente más de conocimientos para el alumno.

A este problema de la explosión del conocimiento se anexa uno igualmente preocupante: el de la calidad y validez de la información que se recibe. Aunque el conocimiento está al alcance de todos, debe 0identificarse y seleccionarse de entre un cúmulo de información irrelevante, confusa y hasta errónea. Mucha de la información disponible no puede clasificarse como conocimiento, entendido este en su sentido estricto, en término de validez y certeza. Otra parte de la información disponible cabría perfectamente en la categoría opuesta: desinformación. La educación debe enfrentar este reto desde dos vías diferentes. Por una parte, requiere de un proceso continuo de análisis y selección del conocimiento relevante para incorporarlo a sus planes de estudio, pero por otra parte es imprescindible ampliar sus estrategias formativas para ayudar al alumno a pensar lógica y críticamente, de tal forma que pueda valorar y seleccionar el conocimiento que recibe por todos lo medios, no sólo a través de la escuela. Se requiere formar profesionistas más analíticos, creativos, que sepan enfrentar retos y que se responsabilicen de su propio aprendizaje.
El reto de la calidad de la educación. Hay una exigencia cada vez mayor por optimizar el proceso educativo. La universidad tiene que hacer más y mejor en menos tiempo y, frecuentemente, con menos recursos. Se impone una mayor calidad en todos los componentes del proceso: programas más actualizados, flexibles y vinculados a necesidades específicas de la sociedad, contenidos educativos relevantes y significativos, profesores mejor capacitados para enseñar y relacionados teórica y prácticamente con lo que enseñan; experiencias profesionales desde la escuela, que realmente integren al alumno al campo ocupacional; recursos didácticos más ricos, variados y actualizados tecnológicamente; alumnos más creativos e involucrados con lo que aprenden.

El reto de la vinculación escuela-sociedad. La universidad no puede estar al margen de los problemas sociales, por el contrario, necesita asumir una de sus principales funciones: ser promotora de las mejoras sociales. Por eso requiere de una estrecha vinculación con los distintos sectores sociales: la industria, el gobierno, el campo, el sector salud, etc., y de mecanismos que le permitan incorporar en sus funciones y programas, las necesidades y tendencias actuales y, si es posible, anticiparse a ellas.

El reto de la globalización. El problema de la globalización desafortunadamente ya no es un tema que se puede evitar. La condiciones actuales a nivel nacional e internacional lo imponen ya como una necesidad social y, por ende, educativa. El libre comercio, los tratados internacionales, las empresas multinacionales, etc., establecen parámetros para formar profesionistas, de un lado y otro de la frontera, con competencias comunes; aumenta el intercambio de información y programas entre los países; la movilidad profesional y estudiantil hace que se requiera cierta continuidad en los programas educativos de esos países o regiones donde se genera esta movilidad; cada vez existe más presión para uniformar o estandarizar los procesos educativos, a través de los organismos acreditadores y certificadores, y esta medida se ha convertido en una condición para participar en programas de apoyo financiero; y aún más, participar en el proceso de globalización se está convirtiendo casi en una cuestión de supervivencia para algunas instituciones educativas. El problema no es si se quiere participar en la globalización, sino cómo hacerlo, sin que la universidad pierda de vista su misión educativa y su idiosincrasia.

El reto de la definición de nuevos perfiles y campos profesionales. En la actualidad una institución educativa ya no puede sobrevivir con los programas de carrera que se ofrecen tradicionalmente. La nuevas necesidades sociales requieren también de nuevas profesiones y de nuevas opciones de formación técnica y profesional. Se requiere además, de la revisión de las funciones y perfiles de desempeño de las carreras tradicionales, pues los escenarios profesionales también han ido cambiando.

Y sobre todo, el reto de formar personas, al mismo tiempo que profesionistas. Hoy más que nunca se requiere que las instituciones educativas asuman su función de formadoras de personas íntegras. A la enseñanza de las innovaciones científicas y tecnológicas se necesita anteponer la formación humanística. La sociedad reclama profesionistas capaces, pero antes que esto, personas responsables, honestas, solidarias con la comunidad donde viven, con una apropiada jerarquía de valores y, sobre todo, con un comportamiento ético.

 

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Lic. Flavio Mota Enciso, Director DAPA
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